THE VOICE OF THE LATIN PATRIARCH OF JERUSALEM

FIRST HAND DOCUMENTS FROM PATRIARCH MICHEL SABBAH

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Carta de Monseñor Sabbah, Patriarca Latino de Jerusalén

 a los fieles sobre la situación en Belén



A nuestros queridos hermanos e hijos en el Señor:

El profeta Oseas dice: "El Señor hace pleito a los habitantes del país. No hay sinceridad ni amor, no hay conocimiento de Dios en este pueblo, sino perjuicio y mentira, asesinato y robo, adulterio y violencia, y sangre que sucede a sangre. Por eso la tierra está en duelo, y se marchita cuanto en ella habita" (4, 1-3). Estas palabras pueden ser aplicadas, al menos parcialmente, a nuestros días. Todos nosotros tenemos la responsabilidad de purificar nuestro tiempo y de volver a la rectitud, a la justicia y al bien.

Hermanos y hermanas: estamos cerca vuestro. Con vosotros vivimos la tempestad que se ha desatado en estos días. Con la ayuda de Dios, esta crisis pasará. Estamos con vosotros, en estos tiempos difíciles. Quisiéramos alentaros: amaos con paciencia y fe. Con el Salmista decimos: "Los potentes me persiguen sin razón, pero mi corazón teme tus palabras" (S. 118,161), y también: "Mira mi aflicción y líbrame, porque no olvido tu ley. Aboga por mi causa y rescátame, dame vida conforme a tu promesa" (118, 153-154).

Nuestro destino es el nacer bajo la ocupación y ser constantemente expuestos a la muerte. Toda persona humana tiene el derecho y el deber de hacer todo lo posible para obtener la propia libertad. La comunidad internacional debe finalmente sentir y comprender que el palestino es un ser humano, como todos los demás. Como todo ser humano, tiene el derecho de reconquistar la propia dignidad y libertad en la propia tierra.

Asesinar es un mal. Toda violencia es un mal. Toda guerra desfigura el Rostro de Dios, y por lo tanto es un mal. El homicida es el que empuja al homicidio, es aquel que abre las puertas de la muerte y hace entrar por ella a las personas. En nuestra Tierra Santa, el elemento que abre las puertas de la muerte es la ocupación militar. Decimos por lo tanto: es suficiente el sufrimiento del pueblo palestino hasta hoy. Es hora de poner fin a su
tragedia.

Al pueblo de Israel le decimos: merecéis igualmente la seguridad y la paz. Os deseamos seguridad y paz. En todos y cada uno de vosotros vemos la dignidad que viene de Dios, y que es un don de Dios tanto para hebreos como palestinos. La llave de la muerte y de la paz se encuentra en vuestras manos y en las del gobierno que habéis elegido. Es él el que puede abrir o cerrar las puertas de la muerte. Es él el que os puede dar o quitar la paz. Aquellos que hoy combaten entre ellos y son arrojados en el abismo de la muerte tienen el derecho de vivir y disfrutar de seguridad.

Por lo tanto, depende de vuestro gobierno el poner fin a la ocupación que ha estado oprimiendo a los palestinos durante décadas, privándolos de su dignidad y libertad. Las Naciones Unidas han formulado reglas que son la base para la paz. Bastaría aplicarlas.

Con nuestros hermanos, los Patriarcas de la Ciudad Santa y con todos los otros jefes de las Iglesias de Jerusalén decimos: ¡Basta de sangre, basta de lucha! Cerrad las puertas de la muerte, del odio y del terror. Detened el derramamiento de sangre que clama por más sangre. La sangre de todas las víctimas grita delante de Dios y delante de toda conciencia humana. ¡Restituid la tierra ocupada a sus verdaderos propietarios, permitiendo así
a los corazones encontrar la serenidad, y a todo ser humano reencontrar su propia humanidad, y tanto al palestino como al israelí, reencontrar en la igualdad la propia dignidad dada por Dios!


+ Michel Sabbah

Patriarca Latino de Jerusalén

20.10.2001
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