Mensaje de Navidad 2002

Mons. Michel Sabbah, Patriarca Latino de Jerusalén

 

Hermanos y hermanas, queridos fieles y personas de buena voluntad:

 

1. Nuestro mensaje de Navidad este año es una súplica a Dios y un acto de adoración ante el misterio de la Encarnación de su Verbo Eterno: “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn. 1,14).

 

El mensaje de Navidad es un mensaje de justicia, paz y amor. Sin embargo nuestra tierra está todavía llena de odio y sangre. No es por esto que Dios nos ha querido en esta Tierra Santa. No para hacer de los Lugares Santos los lugares de nuestra lucha, sino de nuestro encuentro delante de Dios, y lugar en el cual edifiquemos la tierra que nos ha dado para hacer una morada para nosotros y para Él. Debemos entender que para Dios, más santo que los lugares santos mismos, es el ser humano, al cual vemos aún humillado, y privado de su libertad y a menudo de su vida.

 

Por eso, nuestro mensaje de Navidad es un llamado a todas las personas de buena voluntad, a la comunidad internacional, y a todas las iglesias del mundo, a despertar y venir en ayuda de esta gente y esta tierra para lograr la paz, basada en la justicia, la igualdad, y la dignidad. A todos les decimos: no olvidéis esta tierra y no nos abandonéis a nuestra suerte.

 

Algunos tal vez digan: es imposible vivir juntos. Pero nosotros decimos: vivir y tener paz juntos es posible. Lo que es imposible es pedir seguridad por un lado, mientras la otra parte es oprimida, tener un pueblo que domina mientras que el otro está bajo ocupación. Esto es realmente imposible. Pero, con justicia para ambos lados, cuando los israelíes vivan en su tierra y su estado, y los palestinos también tengan su tierra y su estado, entonces vivir juntos será posible.

 

2. Mucha gente nos pregunta: ¿cómo van a celebrar la Navidad este año? ¿Cuál es la razón para prohibirle al Presidente Arafat participar de la Misa de Medianoche?

 

Nuestras dificultades no comenzaron este año. De hace generaciones vivimos en un conflicto sangriento. Sin embargo, les decimos a todos: la Navidad es primero que nada una fiesta de oración y un acto de fe. Nuestra fe nos invita a meditar en los misterios de Dios, el misterio de la Encarnación de su Verbo Eterno, de Su presencia entre nosotros, como luz y vida de todos: “en Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres” (Jn 1,4). Por lo tanto, también este año, y a pesar de las dificultades, meditaremos esta verdad de nuestra fe y elevaremos nuestras plegarias a Dios, y celebraremos la fiesta como siempre.

 

En cuanto a la medida de prohibir al Presidente Arafat participar de la Misa de Medianoche, decimos que es una medida inútil; si las autoridades israelíes estuvieran en el camino real de la paz evitarían tomar medidas inapropiadas como esta.

 

Y en cuanto al sitio militar y la humillación impuesta a los palestinos de Belén y a las demás ciudades y pueblos palestinos, y a la demolición de casas y a la masacre de tantas personas, todas estas medidas nos impulsan a renovar nuestro coraje, nuestra esperanza y nuestro amor aún a aquellos que hacen difícil nuestra vida. Por lo tanto tenemos que rezar, para que Dios ponga fin a todo esto, y nos dé en cambio justicia, dignidad y amor. Las dificultades presentes no nos llevarán a cancelar nuestras fiestas. A pesar del sufrimiento impuesto sobre nosotros, no nos quitarán la alegría de nuestras fiestas ni el deber de postrarnos con nuestros sufrimientos delante de Dios.

 

A propósito a los puestos de control militares, nos dirigimos a las autoridades israelíes para que los eliminen definitivamente de las poblaciones palestinas. Si tienen que permanecer les decimos a nuestros fieles: transfórmenlos en lugares de oración. De lugares de humillación, odio y muerte, como son, transformémoslos en lugares de adoración. Llamo a hacer oración juntos allí, para que Dios inspire deseos de justicia y paz en aquellos que han ordenado establecerlos.

 

Nuestro mensaje navideño para estos días –mientras el asedio militar está todavía impuesto sobre nuestras poblaciones, y mientras enfrentamos la muerte como ocurre en los pueblos y calles israelíes- es un llamado a poner fin al asedio y a la ocupación, y un llamado a dar fin al derramamiento de sangre en ambos lados, sea en los poblados palestinos, sea en los israelíes. Si los responsables no lo consiguen, tampoco tienen el derecho de imponer castigos colectivos. Si los líderes de hoy no tienen éxito en lograr la paz, queda solamente una solución: que dejen su puesto a otros que tal vez consigan lo que ellos no pudieron. Nuestro llamamiento es por la paz, para detener la injusticia, para que se llegue a la deseada seguridad para los israelíes, para que termine la ocupación israelí de los territorios palestinos, fuente de todos los males y de todos los obstáculos acumulados en el corazón de los responsables y de la gente, de frente a la paz. 

 

La Navidad es fe y oración, la Navidad es luz en la oscuridad y en la opresión en que vivimos. Los ángeles cantaron en el cielo de Belén: “Gloria a Dios en la alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Deseamos que los hombres de buena voluntad sean siempre más numerosos, para que el mensaje de los ángeles dado a la humanidad en nuestra tierra, sea un mensaje para nosotros y nos transforme en artífices de la paz. Esperamos y oramos para que la próxima Navidad nos traiga tiempos mejores de justicia, paz y felicidad para todos en esta “Tierra Santa”.

 

Aun en medio de las dificultades, os deseo hermanos y hermanas, y en particular a vosotros habitantes de Belén, cristianos y musulmanes, una feliz Navidad.

 

 +Michel Sabbah, Patriarca

Jerusalem, 18.12.2002