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News from the Latin Patriarchate

“Si me olvido de ti Jerusalén, que se me paralice la mano derecha” (Sal 136)

Su Beatitud, Patriarca Michel Sabbah, Patriarca Latino Emérito de Jerusalén,
Eminencia Card. John Foley,
Excelencia Mons. Antonio Franco, Nuncio y Delegado apostólico
Queridos hermanos obispos,
Querido Padre PierBattista Pizzaballa, Custodio de Tierra Santa,

Queridos Amigos,

¡Bienvenidos a todos!

Beatitud, gracias por vuestras palabras de ánimo. Durante veinte años, habéis servido generosamente esta Iglesia y habéis acogido a los fieles y a las congregaciones religiosas así como a las autoridades locales, a los huéspedes y a los amigos del Patriarcado venidos del mundo entero. Hoy, nos recibís para una despedida en el momento en que depositáis oficialmente vuestro encargo patriarcal, en conformidad con las normas de la Iglesia, habiendo alcanzado el límite de edad. Y Vuestra Beatitud os despedís de la diócesis.

Al mismo tiempo, tenéis la intención de seguir acompañándonos, en virtud de la comunión episcopal y sacerdotal que nos une en Cristo Nuestro Sumo Sacerdote, sobre los caminos de esta Tierra Santa donde llevamos nuestra cruz siguiendo al Señor. Pues Vos lo sabéis, Beatitud, nosotros todos lo sabemos por experiencia: no es posible vivir, amar y trabajar en Tierra Santa sin pasar por la cruz. Por lo mismo, no debemos frenarnos en este lugar de agonía, ni perder de vista la alegría y la gloria de la Resurrección. También, queridos amigos, es al Santo Sepulcro, en la Tumba vacía, que os doy cita mañana para oír el grito de triunfo de los Discípulos: “¡El Señor ha Resucitado! ¡Aleluya! Nos precede y nos espera en Galilea”. Cada puesto de trabajo, cada situación -inclusive la más dramática-, cada persona, es esta nueva Galilea donde el Señor nos espera y quiere manifestarse a nosotros.

Beatitud, con alegría hemos leído en vuestra última carta pastoral -y lo habéis repetido esta tarde- que seguiréis rezando por nosotros, por el Patriarcado y por todos los habitantes de esta Tierra Santa. Gracias, porque tenemos de ello mucha necesidad. Por mucho tiempo, hemos acariciado la esperanza de una solución justa, rápida y global del conflicto, fascinados por los discursos y por las promesas sin número. Hoy, estamos cansados de todo eso.
 
A Vos, Beatitud, que se os conceda lo mismo que deseáis: “paz y gracia”, tranquilidad y salud tal como la posibilidad de seguir vuestra misión al servicio de esta Iglesia y del “Evangelio de la paz”, inspirándoos en la dulzura de vuestro compatriota, el eterno Nazareno.     
   
Dando gracias a la Providencia por todas las gracias concedidas a la diócesis durante vuestro ministerio pastoral y por todos los frutos ya cosechados de lo que Vos habéis sembrado, os dirigimos nuestros más cordiales deseos a fin que tengáis un retiro sereno y bendito.

+ Patriarca Fouad Twal

 

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