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Mensaje de Navidad 2008 De
Su Beatitud Mons. Fouad B. Twal
Patriarca Latino de Jerusalén

Las campanas de la Basílica de la Natividad resuenan otra vez, para cantar con los Ángeles, el himno eterno: “¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!” (Lc 2, 14).

Desde la humilde ciudad de Belén, dirijo este mensaje de Navidad a todos los habitantes de Tierra Santa: En Jordania, Palestina, Israel, Chipre, cristianos nacionales y peregrinos, judíos, musulmanes, drusos y todos aquellos que aman Tierra Santa. A todos, os pido, que roguéis al Niño del Pesebre, de modo que Él haga de esta Tierra, Su Reino, “un Reino de verdad y vida, un Reino de santidad y gracia, un Reino de justicia, amor y paz” (Prefacio de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo ). Deseamos que esta Fiesta de Navidad traiga la paz deseada por todas las partes, fundada en la justicia y en la verdad. Para que así, nuestra vida en esta Tierra que ha sido santificada por los profetas, llegue a ser una Navidad continua y siempre en aumento, en donde reine, en los corazones y en las familias, un gozo que se irradie por las calles. Nuestros queridos peregrinos palparán la fe, el amor entre nosotros, nuestra hospitalidad y nuestra fraternal coexistencia, unidos tal como somos, por nuestra fe en Dios, en un destino inalienable.

Rogamos a Dios para que nos dé la paz y de este modo prosperen nuestros países, se acrecienten tanto las oportunidades de trabajo, como el encuentro entre los habitantes de todas las denominaciones, en un diálogo fructífero entre religiones y culturas. La estabilidad detendrá la emigración y las familias hallarán la paz necesaria para el futuro de sus hijos. En la actualidad, la emigración desarraiga a la gente de sus raíces religiosas y nacionales, borrando su identidad.

En el momento en que llega esta Navidad, nos encontramos llenos de esperanza a causa de los recientes encuentros internacionales del más alto nivel entre  Jefes religiosos y otros constructores de Paz, basados en un genuino deseo de realizar una vida en armonía, con toda la dignidad y aceptación del otro, sin rigideces o prejuicios, especialmente de aquellos que tildan a otros de “infieles”, demonizando y anatematizándolos.

Que la gracia de la Navidad y las sinceras oraciones de los fieles, acompañen a los líderes que sostienen aquellas iniciativas de paz, y que bendiga sus esfuerzos coronándolos con el éxito. Esta esperanza y optimismo no nos impide darnos cuenta en nuestra vida cotidiana, de la inestabilidad, de la falta de seguridad, de un futuro difuso, y no menos, de las agresiones contra los ciudadanos, sus tierras, propiedades y pertenencias.

Junto con Belén que ha estado esperando a través de la historia a Aquel que “destruiría el yugo que carga” a la gente, “y el madero sobre sus hombros y la vara de su opresor” (Isaías 9, 3), estamos aún esperando la manifestación de la gracia del Salvador, que eliminará o pondrá fin a la ocupación y a la injusticia, liberándonos de nuestros miedos, durezas y divisiones internas.
Anhelamos el amanecer de una nueva era donde la venganza se rinda al perdón, y el amor venza al odio; una era en la cual se alce el sol de paz y de justicia; la codicia y rencores se desvanezcan y declinen las enemistades; un tiempo en que la gente halle el acuerdo a través de la armonía y la amistad. Entonces, “el lobo habitará con el cordero y el leopardo se acostará junto al cabrito; el ternero y el cachorro de león pacerán juntos, y un niño pequeño los guiará” (Isaías 11,6).

En esta ocasión no nos olvidamos de Jerusalén, el más grande depósito que se nos ha confiado y que debemos mantener. ¡Estamos muy preocupados por la Ciudad Santa! Cargamos con la responsabilidad de defender su santidad y preservar sus características distintivas y únicas. Ella es el santuario en donde se encuentran los seguidores de las tres “religiones monoteístas”: Judaísmo, Cristianismo e Islam. Todos ellos se encuentran en la creencia común en un sólo Dios, y en la filiación a Abraham, el padre común de todos sus fieles. La  ciudad de Jerusalén sufre hoy a causa de las ilegales  implantaciones y de la agotadora emigración de sus cristianos, debido a la falta de paz y a la deteriorada situación política. Todo ello nos hace preocuparnos por el futuro de nuestras iglesias y de los cristianos en la Tierra Natal de Cristo.

En esta Navidad, rezaremos por las ciudades, los pueblos y las aldeas de Tierra Santa porque ellos se hallan aislados unos de otros. Con dolor y profunda tristeza, observamos como los civiles son encerrados; la erección de muros y barreras que crean violencia y humillación, generan rencores y odio, considerando que urgentemente necesitamos, más que todo, llevar una vida callada y serena en mutua confianza y amistosa cooperación.

Con todos los Patriarcas Católicos del Medio Oriente “Nos dirigimos hacia nuestros hijos y hacia todos los habitantes de estas Tierras Santas, a la sombra de las situaciones que empeoran en Palestina, y especialmente el injusto bloqueo impuesto sobre Gasa y sobre cientos de miles de personas inocentes que viven en ella. A la vez, agradecemos y apreciamos los esfuerzos con el cual se entregan con sacrificio todos aquellos que tienen buena voluntad para romper este asedio. Llamamos también a los responsables locales e internacionales para llegar, finalmente, a la justa y definitiva paz en Tierra Santa a fin que regrese y sea entonces fuente de salvación y de reconciliación, de justicia y de perdón para Ella misma y para el mundo entero. Nos dirigimos, también, a los mismos palestinos a fin que regresen a la unidad entre ellos en el marco de la legitimidad Palestina reconocido y aparten así de este modo la continuación del bloqueo y de la humillación de junto a ellos.” (Declaración Final del XVIII Encuentro del Consejo de los Patriarcas Católicos de Oriente, El Líbano, Noviembre 2008.)
 
La segunda tragedia ante la cual no se nos permite ni ignorar ni guardar silencio es la de Irak, cuya población, cultura, herencia e historia han sido minadas por la ocupación de fuerzas extrañas que han destruido sus estructuras fundamentales, transformándolo en una jungla de caos, violencia y terrorismo.

Dirigimos la atención hacia las explosiones que demuelen las iglesias y mezquitas, al secuestro y asesinato de varios sacerdotes y obispos, a la destrucción de casas de muchos cristianos quienes son constantemente amenazados y obligados a la deportación. Deseamos que  todos los ciudadanos iraquíes permanezcan en su tierra natal, ya que son una valiosa parte de la nación árabe, una parte llena de una gloriosa historia y cultura que contribuyó enormemente a la civilización de las gentes, gracias también a poderosas inteligencias y grandes oportunidades. Rezamos por la unidad de Irak y por su retorno a la vida normal.

Queridos hermanos y hermanas,
Quisiéramos anunciaros el deseo de que su Santidad el Papa Benedicto XVI visite Tierra Santa como peregrino, este próximo mes de mayo. El Supremo Pontífice desea rezar con nosotros y por nosotros, y adquirir un conocimiento de primera mano de las duras condiciones de nuestra región. Tenemos confianza en el Señor, de que este peregrinaje y visita pastoral de nuestro Pontífice, será una bendición para todos nosotros, así como también, una contribución sustancial para un mejor entendimiento entre las varias naciones de nuestra región, levantando las barreras, ayudando a resolver los problemas, removiendo dificultades y consolidando las buenas relaciones entre naciones y denominaciones, en seguridad y paz.

Desde Belén, llamo a mis hermanos Obispos y otros líderes religiosos en general, a las Órdenes y Congregaciones Religiosas, a las personas consagradas y a toda la gente de buena voluntad, a los peregrinos y a todos aquellos que aman Tierra Santa: ¡Por favor, recordad a Belén y a Jerusalén en vuestras oraciones! Tierra Santa clama a vuestras conciencias y suplica vuestra ayuda. ¡No la abandonéis en su dificultad! ¡Asistidla, para que llegue a ser y a permanecer   una tierra de amor, de paz, de reconciliación y de igualdad entre todos sus hijos!

¡Oh Niño de Belén, que quisiste nacer en el silencio y en la calma, planta en nuestros corazones el amor por la paz, la justicia y la serenidad! ¡Tú que has experimentado la pobreza, el deambular y el temor, ten misericordia de nuestros pobres, vagabundos, prisioneros y de los habitantes de los campos de refugiados!
¡Oh Dios sin límites, en Tu Nacimiento según la naturaleza humana, aceptaste los límites de espacio y de tiempo! ¡Tú conociste los límites de un lugar al nacer en una gruta y ser obligado a escapar y huir! ¡Tú conociste los límites del tiempo cuando habitaste en el santo seno de la Virgen y fuiste, en la Gruta, el modelo de los refugiados y de la gente rechazada! ¡Santifica nuestro país, Tu país, para que así Tu Nombre sea glorificado en todas partes y nos acerquemos a Ti y entre nosotros, bajo las duras circunstancias en las que vivimos!
¡Oh Niño de la Gruta, que rechazaste la violencia, el homicidio y el odio, Tú, cuyo Nacimiento dividió la historia en dos: antigua y nueva, antes de Cristo y después de Cristo, expulsa de Tu Tierra natal, las guerras y la destrucción de hogares! ¡Planta la semilla   de la hermandad! ¡Da a los afligidos y a los pobres, esperanza y bienestar! ¡Oh Tú, el Pobre, el Fugitivo y el Perseguido, mira a aquellos que emigraron de Jordania, Palestina, Líbano, Irak y de otros países afligidos! ¡Que Tu tierra natal sea Tierra de bendición y prosperidad, en donde los seguidores de todas las religiones encuentren armonía, para que así “ninguna nación levante la mano contra otra” (Cfr. Isaías 2, 4)!
¡Que Tu Nacimiento sea el nacimiento de una nueva era de paz, estabilidad y seguridad! Amén.

Su Beatitud Mons. Fouad B. Twal
Patriarca Latino de Jerusalén

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