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Recemos por la Paz y la Justicia
   
“En sí mismo dio muerte a la Enemistad.
Él vino a anunciar la paz a quienes están lejos y a los que están cerca” (cf. Ef 2,17).

Comenzamos en este día el tradicional período de oración y ayuno que precede la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María a los Cielos. Ofrecemos nuestro ayuno y nuestra oración de estos días por la paz, por el fin de las obras de muerte y destrucción en Gaza y en el Sur del Líbano. Rogamos por todas las partes involucradas: la parte palestina, la israelí y la libanesa, para que todos puedan gozar de paz y seguridad.

Lo que ocurre hoy en Gaza y en el Líbano es sencillamente inhumano, sea cual fuese los razonamientos presentados para justificarlo. Es la comunidad internacional la que debe intervenir para poner fin a lo que está sucediendo.

Condenamos la captura de un militar israelí como prisionero en Gaza, y de otros dos en el Sur del Líbano, y deseamos su retorno, sanos y salvos, a sus familias y a sus seres queridos. Pero también es necesario condenar, por el mismo hecho, la captura de palestinos quienes cada día son tomados prisioneros por los israelíes en diversas ciudades palestinas y por los 10.000 prisioneros palestinos que están en las cárceles israelíes, pues ellos también tienen familia y seres queridos que los esperan. Condenamos toda captura sea palestina o israelí, pues todo ser humano, israelí o palestino es igual, es persona humana y por lo tanto goza de la misma dignidad.

La violencia es un ciclo de muerte que hay que romper. Y sólo el fuerte puede romperlo. La experiencia en este largo conflicto ha enseñado que la violencia ha logrado solamente alimentar el ciclo de violencia sin interrupción y no ha conducido a la seguridad buscada, y que es inútil querer fundar un orden o adquirir una seguridad en tanto dure la opresión del otro.

La violencia no puede y no tiene que ser un medio de legítima defensa. El poder militar por sí mismo no protege. La represalia militar hace solamente aumentar el rechazo que rodea a Israel en la región y logra únicamente profundizar el odio hacia él.

La única acción de legítima defensa, que puede proteger realmente y que tendrá como consecuencia la seguridad querida, consiste sencillamente en poner fin a la injusticia inicial que es el meollo de este largo conflicto, esto es, la cuestión palestina: poner fin a la ocupación militar israelí impuesta desde hace años al pueblo palestino y devolverle su libertad y su independencia. Y por ello mismo, el esperar que desaparezca toda manifestación de violencia palestina es una actitud irreal e ilógica, ya que mientras dure la opresión, la opresión misma engendra la violencia.

Hermanos y hermanas, roguemos a fin que la razón prevalezca sobre el espíritu de venganza. Roguemos para que los hombres sepan que son capaces de vivir juntos. Roguemos para que dejen las acciones militares que impiden a los jefes y a los soldados ser personas humanas y los transforma en asesinos y destructores. Roguemos para que Dios esté presente entre los hombres y que su presencia haga al hombre más humano delante de todos sus hermanos y hermanas, más allá de toda discriminación religiosa o nacional. Le pedimos a la Virgen que interceda por todos los niños de su país, país que Dios ha querido que sea una tierra de Redención y reconciliación para todos.

Jerusalén, 1 de agosto de 2006

+ Michel Sabbah, Patriarca

 

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