BÉRGAMO – La Iglesia de Tierra Santa y Bérgamo se unieron en la alegría y acción de gracias este sábado 10 de septiembre de 2016, cuando el padre Pierbattista Pizzaballa, OFM, administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén, fue ordenado arzobispo de la Catedral de Bérgamo.

 

“Quiero ser obispo de todos, ante todo de aquellos que me han sido confiados, pero también de aquellos que comparten mi amor y preocupación por Oriente Medio, judíos y musulmanes, por los más pobres y por toda la Iglesia”, dijo el arzobispo Pizzaballa al final de una liturgia solemne y conmovedora. La liturgia reunió a muchos de los fieles de Bérgamo que, con sus oraciones, apoyaron al nuevo administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén, nombrado el 24 de junio de este año por el papa Francisco, y ordenado arzobispo en su tierra natal.

La misa, presidida por el cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, y concelebrada por el patriarca emérito Fouad Twal y el obispo Francesco Beschi de Bérgamo, incluía a treinta obispos procedentes de Italia, Turquía, Bahréin, Israel, Palestina, Jordania e Irak, además de algunos nuncios apostólicos. También estuvieron presentes muchos sacerdotes y religiosos, entre ellos muchos franciscanos de la Custodia de Tierra Santa con el presente custodio, el padre franciscano Francesco Patton. También se incluyó a una numerosa delegación del Patriarcado Latino compuesta por el obispo William Shomali, el obispo Giacinto-Boulos Marcuzzo, el padre David Neuhaus, el padre George Ayoub, el padre Imad Twal y muchos sacerdotes con ellos. Asimismo se observó la presencia del arzobispo George Bacouni, arzobispo melquita de Haifa, y del arzobispo maronita Moussa el-Hage, en nombre de la Asamblea de los Ordinarios Católicos de Tierra Santa, y del archimandrita Nektarios, representante de la Iglesia Griega Ortodoxa de Jerusalén, que entregó al arzobispo Pizzaballa una cruz pectoral como símbolo de la amistad existente durante muchos años entre el antiguo custodio y el patriarca de Jerusalén Theophilos III.

“Sufficit tibi gratia mea” – “Mi gracia es suficiente para ti” (2 Cor 9:12) es el lema elegido por el arzobispo Pizzaballa. Dirigiéndose a los allí congregados resumió brevemente las principales fases de su viaje de fe, caracterizado por una continua “búsqueda de simplicidad y sinceridad”: su feliz infancia en Italia, sus años en el seminario, su partida de Tierra Santa, una tierra que – confesó con humor – nunca le había atraído y, finalmente, su nombramiento como custodio. Ahora, es a la Iglesia de Tierra Santa a la que el arzobispo Pizzaballa “confía su vida” en servicio de los fieles y “sus” sacerdotes. A estos últimos se dirigió en árabe.

En mi escudo de armas, dijo, quise poner dos cosas: Jerusalén y la Palabra.” Es una llamada clara a la paz en Jerusalén que, concluyó, “no es una paz que elimina las diferencias, cancela distancias, ni es una tregua o un pacto de no agresión, garantizado por acuerdos o separaciones. Pido una paz amistosa basada en la sincera aceptación de los otros, con una voluntad tenaz de escuchar y dialogar, de abrir caminos en los que el miedo y la sospecha den paso al conocimiento, el encuentro y la confianza, donde las diferencias sean oportunidades para asociarse y no un pretexto de rechazo mutuo”. Finalmente prometió una vocación personal de servicio “para que surgiera la paz de Jerusalén en toda la Iglesia y en su pueblo”.

El cardenal Sandri también mencionó en su homilía la compleja y dolorosa situación de Tierra Santa, sus esperanzas de paz: “Ser obispo de la Iglesia Latina de Jerusalén, administrándola en nombre del Santo Padre (…) es ciertamente una tarea abrumadora” reconoció, “pero se puede vivir lleno de alegría y con una discreta determinación, porque está anclada en la Palabra del Señor y no en nuestros planes humanos.” “Hay tantos corazones en Tierra Santa, y especialmente en el territorio del Patriarcado Latino, sedientos de justicia y paz; aspiraciones de vida humana – que lo son antes incluso de ser consideradas derechos – a desear y aplicar no sólo con los judíos y musulmanes, sino también en el seno de la Iglesia y en relación con otras Iglesias”. “La única herramienta que tenemos a mano para evitar que los cristianos abandonen Oriente Medio y sean expulsados por proyectos oscuros – dijo el cardenal – es encontrar siempre formas antiguas y nuevas de ser una Iglesia que llegue a todos y que desee de corazón promover lugares de encuentro y reconciliación.”

 

Desde Bérgamo, Manuella Affejee

Fotos: Giovanni Zennaro.

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