Meditación del Patriarca Pierbattista Pizzaballa: Solemnidad De Cristo Rey Del Universo

Published: November 18 Thu, 2021

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21 de noviembre de 2021

XXXIV Domingo del Tiempo Ordinario, año B

Solemnidad De Cristo Rey Del Universo

El año litúrgico finaliza este domingo con la solemnidad de Cristo Rey del Universo.

En el pasaje del Evangelio de hoy (Jn 18,33-37) nos muestra el encuentro entre Pilato y Jesús durante el juicio que le llevará a ser condenado a muerte. Mientras que un juicio judío requería la presencia de testigos, a favor o en contra del acusado, un juicio romano se basa principalmente en el interrogatorio del juez. Por eso asistimos a un intenso cara a cara entre los dos que dialogan sobre un tema fundamental.

En el diálogo se enfrentan Jesús, rey de los judíos, y Pilato, el representante del poder romano y la realeza terrenal.

Este diálogo gira esencialmente en torno al tema de la realeza: Pilato le pregunta a Jesús si es realmente el Rey de los judíos (Jn 18,33). El término "rey" aparece 12 veces a lo largo del juicio. Esta es realmente la raíz del problema y, en definitiva, el gran desafío del hombre: saber quién es el rey.

Es interesante que esta pregunta no provenga de los líderes del pueblo, que habían entregado Jesús a Pilato. A decir verdad, tienen cuidado de no pronunciar la palabra "rey". Por tanto, entregan a Jesús diciendo que es un "criminal" (Jn 18,30). Y cuando Pilato haga colocar la inscripción sobre la cruz, que da fe precisamente de la realeza de Jesús, intentarán cambiarla especificando que este último no es rey, sino que así se define a sí mismo (Jn 19,21).

Este episodio nos permite comprender cuán central es la pregunta.

Para Jesús, esta no es una pregunta nueva. Incluso parece que este tema de la realeza acompaña su viaje de principio a fin. De hecho, en el Evangelio de Mateo (Mt 2,7ss.), inmediatamente después del nacimiento de Jesús, asistimos a un enfrentamiento con un rey. Y desde el principio entendemos claramente que esta situación con dos reyes, uno al lado del otro, no es posible. Herodes buscará eliminar a este niño que ha sido definido como rey porque no hay lugar para dos reyes.

El problema, sin embargo, es comprender qué se entiende por "rey". Esta es una pregunta crucial en la Biblia.

Para ayudarnos a entender, demos un paso atrás y regresemos a un episodio contado en el libro de Daniel (Dn 3). Este pasaje se refiere a los jóvenes israelitas de la diáspora que fueron deportados a Babilonia durante el exilio. Estos jóvenes fueron llevados a la corte y les educaron con los mejores conocimientos de la época. Sin embargo, también se mantuvieron fieles a sus costumbres. Entonces, cuando se emitió un edicto para arrodillarse ante la estatua del rey Nabucodonosor, se negaron. Porque sólo se podían arrodillar ante Dios, único y verdadero Rey, único Señor.

Este episodio nos hace comprender qué realeza acepta Jesús como Señor. Si los reyes terrenales pretenden que se arrodillen  ante ellos y piden honor y poder, Jesús está haciendo exactamente lo contrario. Unos días antes de este episodio ante Pilato, Jesús no solo no nos pide que nos inclinemos ante Él, sino que es Él quien se desnuda y se postra para lavar los pies de sus discípulos (Jn 13,1-5). Esto es lo que haría un esclavo con su propio amo.

Por tanto, Jesús es rey. Pero no es según nuestras propias categorías de fama y poder. Él es rey en el servicio y en la humildad, en la entrega. No niega ser rey, pero afirma ser rey de otra manera, según una lógica diferente.

Por eso le dirá a Pilato que su reino no es de este mundo. Su autoridad no proviene de los hombres. Si hubiera sido así, lo habría defendido con fuerza. Y aun cuando alguien intente defenderlo, como hará Pedro en Getsemaní (Jn 18,10-11), Jesús se alejará de este comportamiento y expondrá su disposición a abrazar la lógica del Padre, con total confianza.

El reino del que Jesús es Rey, por tanto, no tiene ejército ni territorios que defender.

Tiene un solo objetivo: mostrar a los hombres la verdad (Jn 18,37) que los libera, así como hicieron los jóvenes israelitas deportados a Babilonia. En el libro de Daniel, se nos dice que una vez arrojados al horno, caminaron silenciosamente entre las llamas, orando y alabando a Dios (Dn 3,24). En su oración, reconocieron que eran pecadores, pero también tenían la seguridad de que Dios nunca los abandonaría. Porque quien confía en Él nunca se decepciona (Dn 3,40).

Esta es la verdad y es una verdad eterna, que prevalece sobre la muerte.

Por eso no puede ser una verdad "tibia". Porque una verdad que hay que imponer con fuerza no puede ser la verdad: es una ideología. La ideología teme a la muerte. Teme que su engaño quede expuesto. La verdad también brilla en la tribulación y la persecución. Ella no tiene miedo de perderlo todo.

En definitiva, el Reino del que Jesús es Señor no se extiende tanto a pueblos ni territorios. Abarca principalmente la vida de aquellos que escuchan la voz del Señor y hacen un pasaje de la muerte a la vida.

Y para hacer eso, solo hay una forma, un arma: la Palabra. Entonces quien escucha se coloca en la Verdad y se convierte en un hombre vivo, un hombre libre.

Por eso Pilato no puede entender a Jesús. Entre los dos hay una distancia abismal. Pilato demostrará hasta qué punto es prisionero de sus propios miedos y, sobre todo, del miedo a perder su propio poder. Entonces perderá la oportunidad de conocer la verdad que nos libera.

+Pierbattista