Meditación de S. B. Mon. Pierbattista Pizzaballa, V Domingo de Pascua, año C

By: Pierbattista Pizzaballa - Published: May 05 Thu, 2022

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15 de mayo de 2022

V Domingo de Pascua, año C

 

El pasaje evangélico que escuchamos hoy (Jn 13, 31-35) es extraído del capítulo 13 del Evangelio de Juan, capítulo en el que el evangelista sitúa el relato de la última cena de Jesús con sus seguidores y no es inmediatamente comprensible si lo sacamos de su contexto.

Después del gesto escandaloso del lavado de pies, Juan informa del anuncio por parte de Jesús de la traición de Judas (Jn 13,21). Los versículos que escuchamos hoy, siguen, con las palabras sobre el nuevo mandamiento, y después un nuevo anuncio de deserción, que esta vez se refiere a Pedro y su negación (Jn 13,36).

El nuevo mandamiento, por tanto, es como si estuviera incrustado entre dos anuncios de traición. Y éste es el primer elemento en el que hay que detenerse, porque Jesús pedirá a sus seguidores que se quieran de la misma manera, con la misma medida con que Jesús los amó. (“Un nuevo mandamiento os doy: amaros los unos a los otros; asi como yo les he amado, amaros también los unos a los otros"-  Jn 13,34).

Y la medida viene dada por la distancia que los discípulos ponen entre ellos y el Señor: una distancia abismal, la del pecado, pero que Jesús llena con su amor gratuito; no deja vagar a los suyos en la lejanía donde se pierden, porque, como vimos el pasado domingo, él es el buen pastor, y el buen pastor no quiere que se pierda ninguna de sus ovejas. Por eso da su vida.

El evangelista Juan relaciona la negación de Judas con las palabras de Jesús proclamadas en el evangelio de hoy: es, de hecho, justamente cuando Judas toma el bocado y se va, que Jesús exclama estas palabras contundentes, aparentemente fuera de lugar: "Ahora, el Hijo del hombre va a ser glorificado, y Dios será glorificado en él» (Jn 13,31).

¿Qué significan?

Todo el Evangelio de Juan tiende a un "ahora" misterioso, un tiempo en el que Dios se revelaría plenamente; revelaría su gloria, en la vida y la obra de su Hijo. Pues bien, ha llegado la hora precisamente en ese momento en que Jesús por fin puede revelar todo el amor que vino a dar, un amor que llega incluso al discípulo que le niega y le traiciona, un amor que también le da vida.

Judas acaba de salir a traicionar a su Señor, para liberarle. Pero lo hace después de haber recibido de Jesús el bocado destinado a su amado amigo, después de haber comido el pan de la amistad en el que se ha vencido toda enemistad.

Y ésta es precisamente la gloria de Jesús, o el máximo amor posible; por lo que también se relee y acepta el gesto de Judas como una posibilidad más de amar, y por tanto de dar gloria al Padre.

El Padre, a su vez, responderá a este gesto de amor y de obediencia dando gloria al Hijo: como el amor de Jesús llega a los discípulos perdidos en su pecado, así el amor del Padre no deja a Jesús perdido en la muerte: "Pronto "(Jn 13, 32), de hecho, le devolverá a la vida: "Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también lo glorificará y lo glorificará pronto".

Estas palabras de Jesús, pues, se sitúan entre estas dos historias de traiciones, y están ahí como himno de victoria, como presagio seguro de salvación. Precisamente dentro de todo ese mal se revela plenamente la vida de Dios.

Pero esto todavía no es todo.

El capítulo 13, de hecho, se centra en los dos gestos de traición, gracias a los cuales se manifiesta todo el amor de Jesús por el hombre, gestos que anticipan e interpretan lo que, poco después, sucedería en la cruz, que le dan sentido.

Pero inmediatamente después pide a sus seguidores que se quieran como él los amaba: los ama libremente y pide, en virtud de esa gratuidad, que hagan lo mismo.

Las palabras del nuevo mandamiento sólo pueden situarse en el contexto de la cruz y, en Juan, sólo después de aquellos gestos que dan el sentido de la cruz. De hecho, los discípulos no podrán amarse sino por el amor que han recibido.

El amor de Dios no es recíproco: nunca podríamos devolverle lo que nos ha dado.

Más bien, el amor de Dios se intercambia entre nosotros, se hace circular, y ésta es la única manera en que podemos volver a amar a Dios, en la que podemos decirle nuestro verdadero agradecimiento.

+Pierbattista