El Patriarca Pizzaballa con motivo de Pentecostes: "Jerusalen es casa de oración para todos los pueblos"

By: Layal Hazboun/ lpj.org - Published: May 26 Wed, 2021

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JERUSALÉN - Sábado 22 de mayo de 2021, S.B. el Patriarca Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, durante la Vigilia de Pentecostés, presidió las oraciones y peticiones de intercesión por la justicia y la paz por las que había llamado a orar en nombre de los Jefes de las Iglesias Católicas y en colaboración con el Comité Episcopal de Religiosos Masculinos y la Unión de Religiosas. La vigilia se llevó a cabo en la Basílica de San Esteban de los Padres Dominicos en Jerusalén.

Monseñor Boulos Marcuzzo, Vicario del Patriarcado Latino de Jerusalén, Padre Hanna Kildani, Vicario del Patriarcado Latino de Nazaret y varios otros sacerdotes del Patriarcado Latino concelebraron la ceremonia, a la luz de las difíciles condiciones en Tierra Santa, en presencia de muchos religiosos y religiosas, del Sr. René Troccaz, Cónsul General de Francia en Jerusalén y otras personas que ejercen su servicio en Tierra Santa.

En su homilía, el Patriarca Latino destacó la importancia de rezar por la paz, la justicia, el fin de la violencia y la guerra en Tierra Santa. “Sobre todo, estamos unidos en oración con las familias de los que han sido asesinados en los últimos días, con los que han perdido sus hogares, con los que se han quedado solos y sin esperanza en sus vidas. Oramos por nuestra pequeña comunidad de los Cristianos de Gaza, angustiados por esta enésima ola de violencia, pero también por todos sus habitantes que han sido humillados durante muchos años, privados de libertad, dignidad y derechos fundamentales ”, declaró el Patriarca Pizzaballa.

El obispo de Jerusalén subrayó la importancia de la Ciudad Santa de Jerusalén, que desde el principio se llamó "casa de oración para todos los pueblos" (Is. 56: 7). Y añadió: "Jerusalén es para todos: cristianos, judíos y musulmanes, israelíes y palestinos. Todos con los mismos derechos y la misma dignidad, todos ciudadanos iguales. Cualquier exclusión o imposición, daña la identidad de la Ciudad y no puede ser " pasado por alto o ignorado”.

Concluyó rezando al Espíritu Santo para que "nos dé el coraje de defender la justicia sin comprometer la verdad, para hacernos capaces de perdonar" mientras pedía a María, nuestra Madre, que velara por su patria terrena, que la cubriera de protección especial y  disipara de las tinieblas del error, donde había brillado el eterno Sol de Justicia.

El día de Pentecostés, el domingo 23 de mayo, el Patriarca presidió la misa solemne anual en la Abadía de la Dormición en Jerusalén. El obispo Boulos Marcuzzo, el padre Bernard Maria Alter, abad del monasterio benedictino de la abadía de la Dormición, y varios otros hermanos benedictinos y sacerdotes del Patriarcado Latino concelebraron. También estuvieron presentes varias comunidades religiosas para asistir a la Santa Misa, además de los fieles.

En su homilía, y a la luz del Evangelio de Juan (Jn. 20, 19-23), el Patriarca mencionó la noche de Pascua cuando Jesús se apareció a sus discípulos y les dio su Espíritu. "Pentecostés revela definitivamente el misterio del hombre: en la noche de Pascua, por el soplo de Jesús, Dios nos hace una nueva criatura, llamada a unir la vida natural y la vida divina, la carne y el Espíritu, la tierra y el cielo. Sólo entonces el hombre está completo ". El Patriarca Pizzaballa agregó: "En la noche de Pascua, Jesús da el Espíritu a los discípulos reunidos y los recrea como una comunidad de hermanos. La Iglesia nació".

El Patriarca señaló que "la obra del Espíritu es un evento de comunión, crea fraternidad, trata las diferencias, hace posible la unidad. Es decir, está en el origen de la Iglesia. La vida nueva del Espíritu es una vida que ya no vive en la búsqueda solitaria de su propio desarrollo, sino en el encuentro con el hermano que comparte nuestra vida: no se puede vivir si no se comunica, se comparte, se da a su vez, porque esta misma vida, en sí misma, es nada más que un regalo. Si lo retenemos y si lo poseemos, el Espíritu se extingue y volvemos a la muerte”.

Su Beatitud concluyó su homilía pidiendo al Señor que "perdone nuestras infidelidades, que nos haga, a su vez, capaces de perdonarnos unos a otros y de apoyarnos en nuestro deseo común de participar plenamente en la acción del Espíritu y de convertirnos en constructores de unidad y paz en el mundo”.

Vigilia de Pentecostés en la Basílica de San Esteban.

la Abadía de la Dormición