"Fiel custodio del plan de Dios para ti y para su Iglesia"

By: Sara Fornari - Published: March 23 Tue, 2021

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DOMUS GALILAEAE - Este es el deseo del Patriarca Mons. Pierbattista Pizzaballa a Samuel Tobar Maida, nuevo diácono del Seminario Redemptoris Mater de Galilea, junto con la invitación a "hacer la maleta" con lo indispensable para este viaje, para ser un servidor, "obediente a lo que el Señor te pida".

El Patriarcado Latino de Jerusalén cuenta con un nuevo diácono: Samuel Francisco Tobar Maida, salvadoreño, de 33 años, procedente del Seminario Redemptoris Mater de Galilea, ordenado por  S.B. Mons. Pierbattista Pizzaballa, el pasado 18 de marzo, víspera de la Solemnidad de San José, en la iglesia de la Domus Galilaeae.  A la celebración asistieron el Pbro. Aktham Hijazin, párroco de Rameh -donde Samuel presta sus servicios-, algunas religiosas y los hermanos de la comunidad neocatecumenal de Fassouta, donde el nuevo diáono está completando su itinerario de formación en la fe; mientras que su numerosa familia y la comunidad de origen de Samuel le siguieron on-line desde San Salvador. Una gran distancia salvada no sólo por medio de Internet, sino también gracias a la comunión espiritual.

Hay un plan de salvación en el que Dios nos llama a participar, a menudo trastocando nuestros planes, e invitándonos a asumir realidades nuevas e inesperadas. Como para San José, también para los que siguen al Señor, la llamada es a estar dispuestos a "hacer la maleta" -es la evocadora imagen que utiliza Mons. Pizzaballa- con lo que es irrenunciable para una vida de obediencia y servicio. Así se podría resumir la homilía del Patriarca, quien  comentando el Evangelio, subrayó cómo nuestras infidelidades y pecados no son un obstáculo para Dios. "La genealogía de Jesús, que representa la historia de la salvación, de la Revelación, no es una historia de hombres perfectos: Dios entró en la vida de este mundo tal como es. Así que los fracasos y las traiciones que ha habido incluso dentro de tu historia personal de salvación -dijo dirigiéndose al diácono- no han impedido que el Señor te haga partícipe de su plan para ti y sobre ti.”

En el corazón  de la homilía, y de toda la celebración, aparecen la virtud y la obediencia de San José, que, como un hilo rojo o diseño de filigrana, están detrás de la Palabra de Dios, las promesas y oraciones del ritual de ordenación, y los signos de la liturgia.

"Como todos los hombres de todos los tiempos, José tiene su propio plan de vida, quiere formar una familia y ha encontrado a una mujer maravillosa, María, a la que quiere mucho. Entonces todo cambia de repente. Llega el ángel, llamándole a hacer algo inesperado: a convertirse en padre de un hijo que no es suyo, en un marido de una mujer que nunca será totalmente suya, a entrar en un proyecto diferente, nuevo, no deseado, no buscado, y que nunca será totalmente suyo, al menos desde el punto de vista humano. A menudo parece que el Señor se divierte desbaratando nuestros planes, nuestras iniciativas; esto es porque quiere mostrar que es Él quien guía. El mayor pecado es rechazar o no aceptar el plan de Dios, una vez revelado". Mons. Pizzaballa también destacó cómo en los cuatro sueños de José vuelve a aparecer la misma expresión: "toma contigo": que significa "asume" un proyecto que no te pertenece, que no sientes como tuyo. Ciertamente, "José no comprendió del todo el plan del Señor, sino que confió y se encomendó ", señaló el Patriarca. El ángel le llamó, y él respondió inmediatamente, en obediente silencio". "José tuvo que hacer un plan para un viaje completamente nuevo; en cierto modo tuvo que cambiar su maleta, y llevar consigo -es decir, asumir y hacer suyas- realidades totalmente nuevas". La exhortación del Patriarca al nuevo diácono fue que hiciera su maleta con lo realmente necesario para el viaje a lo largo de su vida, que tendrá muchos cambios. "¿Qué llevarás en este viaje, en tu maleta, en tu corazón? Algo, o alguien, que consideres imprescindible, que sea parte integrante de tu camino vayas donde vayas, hagas lo que hagas; y que sea constitutivo, distintivo, de tu identidad como persona, como sacerdote: pregúntate qué llevarás siempre contigo, en este proyecto de Dios al que has sido llamado".

 

Es significativa la historia de Samuel que sintió la llamada al sacerdocio ya a los cinco años: una vocación dejada de lado al crecer, y olvidada. Estudiando arquitectura en la Universidad, expresó: "Tenía el sueño de casarme, tener mucho dinero y vivir tranquilamente. Pero esto me produjo una gran insatisfacción. Me di cuenta que mi proyecto de vida no tenía sentido, era mezquino, egoísta. En esta encrucijada existencial comprendí que mi vida debía tomar una dirección diferente". En un retiro espiritual sintió que el Señor le llamaba por su nombre y dio su disponibilidad de seguir a Cristo.

"Tu ángel -señaló el Patriarca- será la Iglesia: a través de ella, Dios te dirá cuál será el plan: que cambiará continuamente, que a veces entenderás, a veces no, y a veces rechazarás. En esto se manifestará el plan de salvación de Dios, que comenzó con Abraham y llega hasta ti". Por último, una advertencia: "incluso cuando seas sacerdote, seguirás siendo diácono: nunca el dueño del plan de Dios, sino siempre un servidor, un servidor de la Iglesia, del pueblo que se te ha confiado. Así servirás al Señor".

"Por intercesión de San José -concluyó el pastor latino de Jerusalén-, el Señor te ayude a ser siempre fiel custodio del designio de Dios sobre ti y sobre su Iglesia, a la que estás encomendado y entregado, para que seas siempre fiel y obediente a lo que el Señor te pide, en la salud, en la enfermedad, en el dolor, en la prueba, pero también en la alegría: ser siempre parte de la vida de Dios y en Dios.

Entre los momentos más conmovedores de la ordenación, después de las promesas, y antes de los ritos de la imposición de la vestidura diaconal y de la entrega del libro de los Evangelios, estaba el canto de las letanías, durante el cual el candidato se postró en el suelo. Conmovedoras fueron también las palabras de la oración de ordenación, que, invocando para el elegido todas las virtudes, parecían describir a San José: "humilde en el servicio, recto y puro de corazón, vigilante y fiel de espíritu", "fuerte y perseverante en la fe". "Que el ejemplo de su vida, generosa y casta, sea una referencia constante del Evangelio y suscite imitadores en su santo pueblo".

Al final de la celebración, Mons. Pizzaballa agradeció a los padres de Samuel por darle la vida, ya que es el undécimo de doce hijos, y por el don que han hecho a la Iglesia de Jerusalén.