Los patriarcas latinos de Jerusalén - diez anécdotas sobre Giuseppe Valerga

By: Cécile Leca/ lpj.org - Published: February 21 Mon, 2022

Los patriarcas latinos de Jerusalén - diez anécdotas sobre Giuseppe Valerga Available in the following languages:

JERUSALÉN – Desde el restablecimiento del Patriarcado Latino de Jerusalén en 1847, cuando se publicó la Carta Apostólica Nulla Celebrior del Soberano Pontífice Pío IX, diez Patriarcas se han sucedido al frente de esta institución. Desde Giuseppe Valerga hasta el actual patriarca de la diócesis, Pierbattista Pizzaballa, pasando por Filippo Camassei y Michel Sabbah, todos han aportado su toque personal a esta particular Iglesia católica que es el Patriarcado Latino. Hoy, lpj.org te invita a redescubrir a los primeros Patriarcas compartiendo diez anécdotas sobre la vida de cada uno de ellos.

I/ Monseñor Giuseppe Valegra – Patriarca de 1847 a 1872

Fechas clave:

  • 9 de abril de 1813: nace en Loano en Liguria
  • 17 de diciembre de 1834: ordenación sacerdotal en Roma
  • 1841: nombrado secretario del Delegado Apostólico de Alepo para Siria y Mesopotamia, luego Vicario General para Mesopotamia.
  • 3 de octubre de 1847: nombrado Patriarca Latino de Jerusalén
  • 10 de octubre de 1847: consagración por Pío IX en la capilla del Quirinal
  • Diciembre de 1852: fundación del seminario menor en Jerusalén
  • 25 de octubre de 1853: apertura de la misión en Beit Jala
  • Septiembre de 1856: apertura de la misión en Gifneh
  • 7 de noviembre de 1857: inauguración del seminario de Beit Jala y la misión de Ramallah
  • Febrero de 1858: a cargo de la Delegación Apostólica para Siria y Líbano
  • 19 de marzo de 1858: bendición de la iglesia de Beit Jala
  • Septiembre de 1849-noviembre de 1851: viaje a Europa
  • 1869: Participación activa en el Concilio Vaticano
  • 11 de febrero de 1872: consagración de la Co-catedral del Patriarcado Latino
  • 2 de diciembre de 1872: muere a la edad de 59 años

Las anécdotas:

  • Tenía diecisiete hermanos y hermanas

Nacido en 1813, Giuseppe Valegra es, según algunas fuentes, el séptimo hijo de una familia que contará con dieciocho (otras fuentes dicen que fue el quinto hijo de una familia de dieciséis). Pasó los primeros años de su vida sin pronunciar una palabra, lo que causó gran preocupación a sus padres... antes de finalmente demostrar, milagrosamente, que era bastante capaz de hablar.

  • Las raciones demasiado escasas cambiaron su destino

Con el deseo de convertirse en seminarista, el joven Valerga regresó al seminario de Albenga al terminar sus estudios. Sin embargo, al estar el precio de la pensión fuera de sus posibilidades, se vio obligado a suscribirse a una pensión reducida, lo que lo privó de ciertas comodidades reservadas para los más ricos (esta opción de “pensión reducida” fue posteriormente abolida por Monseñor Raffaele Biale, gobernador de la diócesis de Albenga). Las comidas del joven seminarista son tan escasas que él y otros que comparten su destino deciden un buen día protestar ante el obispo.

Pero nada ayuda. Los querellantes son sancionados y Valerga, que había sido designado como vocero, recibe un castigo ejemplar: es expulsado del seminario por un año entero. Lejos de desanimarse, continuó estudiando el programa de seminario por su cuenta y trabajó para aliviar económicamente a su familia. Y cuando su año de exilio llega a su fin, se da un giro dramático: en lugar de volver al seminario, donde sabe que lo miran con desprecio por el incidente de las raciones, decide continuar sus estudios en Roma con una parte de sus hermanos y hermanas, una de los cuales se hará monja. Esta decisión cambiará su vida y la de su familia para siempre: los llevará a Siria, América, Mesopotamia y, por supuesto, Tierra Santa...

  • Tenía alma de aventurero

Fascinado por el océano, estuvo a punto de ahogarse dos veces durante su infancia: una vez al nadar demasiado lejos de la costa, otra vez al quedar atrapado en una tormenta mientras estaba en un barco de pesca.

Más tarde, durante su primera misión eclesial en Siria, él y su compañero de viaje fueron atacados por una banda de saqueadores que robaron todo su equipaje y los dejaron en medio del desierto, magullados y despojados.

En Mosul, Monseñor Valerga sufrirá todavía alguna violencia física al ser casi asesinado durante períodos de tensión entre cristianos y musulmanes. Es un musulmán quien salvará su vida y lo llevará al Consulado de Francia para ponerlo a salvo.

Finalmente, habiéndose convertido en vicario general de Caldea, se ganó algunos enemigos y fue atacado por dos jinetes cuando regresaba de misa. Solo una piadosa mentira sobre su identidad le salvó la vida.

  • Era amigo del arqueólogo y cónsul de Francia Paul-Emile Botta

Paul-Emile Botta, nacido en 1802 en Turín, Italia, es un médico, diplomático, entomólogo, antropólogo y arqueólogo francés. Hijo de un eminente historiador (Carlo Botta), se embarcó muy joven en el barco del capitán Auguste Duhaut-Cilly como médico de a bordo, y aprovechó para viajar por todo el mundo. Luego se convirtió en diplomático en Alejandría, Egipto, y fue a Yemen para realizar investigaciones biológicas. Luego lo asignan a Mosul, donde conoce a Valerga. Los dos hombres se hacen amigos y seguirán manteniendo una estrecha relación a partir de entonces. Además, por sugerencia de Valerga, Botta emprende excavaciones en lo que resultará ser el sitio de Nínive, una antigua ciudad de Asiria (Mesopotamia).

  • Intentó (sin éxito) cambiar la situación de los Santos Lugares

Desde el siglo XVII, importantes enfrentamientos opusieron los diferentes ritos cristianos en torno a la gestión de los Santos Lugares, en particular el Santo Sepulcro. El Patriarca Valerga decidió buscar el apoyo de las grandes potencias católicas europeas para reforzar el control de los latinos sobre los Santos Lugares, entonces bajo la autoridad del Sultán del Imperio Otomano. Pero la política interfiere en el asunto: entre rusos y franceses, los turcos, atrapados en el fuego cruzado, acaban cediendo ante el zar Nicolás I cuando éste se pone del lado de los ortodoxos griegos. Se disuelve la comisión mixta, compuesta por dos miembros latinos y dos miembros griegos, que había sido fundada por el sultán para tratar de arreglar el asunto. Posteriormente, las crecientes tensiones entre Francia, Rusia y Turquía relegaron a un segundo plano la cuestión de los Santos Lugares. No se evitará el conflicto; la Guerra de Crimea estalló en 1853 y terminó tres años después. Sin embargo, la cuestión de los Santos Lugares será voluntariamente omitida de los tratados de paz, siempre por razones políticas; el Patriarca Valerga vivirá una profunda desilusión.

  • Fundó y renovó muchas iglesias

Hijo de albañil y arquitecto, Monseñor Valerga honró a su padre renovando y fundando numerosas iglesias y parroquias. Entre ellas se encuentran las de Ardiciai, Patarov, Khorsabat y Khosrowa, así como la Co-catedral del Patriarcado Latino, cuya construcción finalizó en 1872. El arquitecto fue el propio Monseñor Valerga, quien la inauguró el 11 de febrero de 1872 junto al Custodio de Tierra Santa y tres obispos: Monseñor Athanasios, Monseñor Zaccaria de Catignano y Monseñor Bracco – su futuro sucesor…

  • Encontró muchas dificultades para fundar sus misiones

No hay duda de que Monseñor Valerga fue una persona perseverante. Porque los obstáculos que tuvo que vencer para la fundación de sus misiones no fueron menores, ni mucho menos. La primera, ubicada en Beit Jala, fue escenario de violentos enfrentamientos, especialmente cuando el sacerdote católico elegido por el Monseñor Valerga, el Padre Jean Morétain, entro en la ciudad. El Patriarca tuvo que venir en persona para tratar de arreglar el asunto. Finalmente, después de varios intentos de expulsión, peleas entre religiosos (durante las cuales Monseñor Valerga estuvo a punto de perder la vida), así como una especie de asedio durante el cual el Patriarca se negó a abandonar Beit Jala durante el período navideño, la situación se resolvió en particular gracias a la intervención de Paul-Emile Botta, que intercedió a favor de los latinos ante el gobernador y el Consulado de Francia. Aquellos tiempos estaban lejos de la sensibilidad ecuménica de hoy... Más tarde, cuando se fundaron las misiones de Gifneh, Ramallah, Lydda, Bir Zeit, Taybeh y Beit Sahour, se produjeron accidentes durante los viajes apostólicos de algunos misioneros, se cometieron ataques contra ciertos religiosos conversos, se profirieron amenazas contra abades, la bóveda de una iglesia se derrumbó durante su construcción mientras otra seguía viendo amenazados sus cimientos por una ubicación no propicia para la construcción… Todas estas aventuras no pueden sino subrayar la perseverancia del Patriarcado Latino y su Patriarca.

  • Era políglota

Monseñor Valegra hablaba árabe, italiano, caldeo, hebreo, griego, latín, turco, kurdo e incluso francés. Como estudiante, aprendió árabe literario, que rápidamente dominó de manera ejemplar. Cuando se embarcó para Siria en 1841, se imaginó bastante capaz de comprender a los habitantes del país que estaba a punto de descubrir. ¡Cuál fue su sorpresa cuando, durante una escala en Beirut, escuchó hablar por primera vez un árabe muy diferente al idioma escrito que había aprendido!

  • Amaba la música y la poesía

Fiel a sus orígenes italianos, Monseñor Valerga compuso regularmente sonetos y otras obras poéticas, llegando incluso a traducir al verso italiano los himnos del Breviario. Tampoco era raro que declamara un poema compuesto por él mismo frente a una asamblea, con motivo de fiestas o celebraciones. Gran amante de la música, también tocaba el armonio, especialmente en el seminario de Jerusalén.

  • Murió de enfermedad a la edad de 59 años

Aquejado de laringitis en 1862, luego de cólera en 1865, Monseñor Valerga sucumbió a un "ataque de fiebre colérico-perniciosa" (para usar el diagnóstico de los médicos) el 2 de diciembre de 1872, después de pasar más de una semana postrado en cama. Fue enterrado con una caja que contenía fotos de los sacerdotes del Patriarcado, símbolo de su apego a todos ellos. Varios funerales fueron celebrados en todo el mundo, entre otros en Loano, Bruselas, París, Civitavecchia y por supuesto en el Santo Sepulcro.

Continuará...

Fuentes:

  • Pierre Couderc-Duvigneau, Une vie au service de l'Église. Mgr Joseph Valerga, Jérusalem, 1972
  • Le Moniteur Diocésain, 1950-1952
  • Organe de l'oeuvre de la Préservation de la Foi en Palestine et de l'Ordre Militaire des Chevaliers du Saint-Sépulcre, 1922