Retratos de seminaristas del Patriarcado Latino: Día 2

By: Cécile Leca/ lpj.org - Published: May 03 Tue, 2022

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BEIT JALA/KORAZIN – Desde 1852, unos 300 seminaristas han sido ordenados sacerdotes en los dos seminarios del Patriarcado Latino de Jerusalén, ubicados respectivamente en Beit Jala y Korazin (Galilea). Ya sean de Tierra Santa o de otros lugares, todos ellos, a lo largo de los años, han contribuido a mantener y hacer crecer las comunidades cristianas locales de la Diócesis de Jerusalén. Hoy, con motivo de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, instituida por el Papa Pablo VI cada 4º domingo de Pascua, y que este año se celebrará el 8 de mayo, lpj.org le invita a conocer el perfil de cinco jóvenes seminaristas del Patriarcado Latino, todos a punto de completar su formación.

II/ Mauricio De La Cruz – seminarista a Galilea

Presentación:

¿Cuándo ingresaste al seminario?

Inicié mi formación en el año 2012, en el Seminario Redemptoris Mater de la ciudad de Medellín, Colombia. Un año después llegué al Seminario Redemptoris Mater de Galilea. Y fui ordenado diácono para el Patriarcado Latino de Jerusalén por Monseñor Pizzaballa en 2021.

¿Por qué eligió el seminario de Galilea?

Como mencioné anteriormente, mi primer año como seminarista lo pasé en mi país, Colombia. Allí pude dialogar con muchos profesores, que me ayudaron a identificar mi vocación. Me preguntaron si estaba lista para ir a algún seminario Redemptoris Mater en el mundo. Actualmente, hay más de cien. Poseyendo fuertes vínculos con el Camino Neocatecumenal, estos seminarios son seminarios diocesanos y misioneros, es decir, que forman sacerdotes que han aceptado ser enviados por todo el mundo, donde se necesita su presencia, sabiendo que es también el Señor quien nos precede y nos envía, para que experimentemos la palabra que Dios le dijo a Abraham: "Vete de tu tierra, de tu familia y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré" (Gn 12, 1).

Rápidamente, me ofrecieron ir a un seminario en África. Sin embargo, debido a varias dificultades (especialmente con respecto al visado), finalmente no pude ir allí. En cambio, me enviaron aquí, a Tierra Santa, en 2013. Aquí comencé todo mi proceso de formación, aprendiendo árabe y hebreo, descubriendo la cultura del país; es aquí donde el Señor me esperaba y donde, hasta hoy, me sostiene y me ayuda. Aquí también me mostró su voluntad formándome en su tierra, pero también teniéndome siempre dispuesto a ir a cualquier lugar para llevar la buena noticia de su amor y el de nuestro Señor Jesucristo, que vino a salvar a todos los hombres.

¿Cómo percibe el papel de un sacerdote?

En este momento decisivo de la historia, creo que como sacerdotes tenemos una gran misión que cumplir. Después de este período de pandemia y con los problemas actuales entre Rusia y Ucrania, nos encontramos en un período en el que toda la humanidad está sufriendo enormemente. Muchas personas estamos buscando una respuesta a las situaciones actuales, ante las cuales estamos llamados; no sólo como sacerdotes, sino también como cristianos, para ofrecer una palabra al mundo y ser verdaderos portadores de la Buena Nueva. Debemos anunciar que Dios está ahí, que existe y que está cerca de cada hombre. Creo que no es casualidad que el Señor nos haya llamado precisamente en este período decisivo de la historia, en el que seguramente encontraremos muchas dificultades, pero al mismo tiempo estamos llamados a ser valientes, como Josué, para ofrecer a las personas una palabra de esperanza y ser como San José cuando recibió las palabras del ángel: "No tengas miedo de llevar a María y al Niño a casa". Es también una llamada para que no tengamos miedo de llevar este tesoro que es la Iglesia a la gente y anunciar que hay esperanza, que Cristo vive e intercede por nosotros. Después de todos estos acontecimientos recientes, muchas personas viven sin esperanza, ven solo un futuro incierto y sombrío, pierden toda certeza. Por eso creo que nuestra misión es abrir los cielos del Reino de Dios. En este sentido, estamos llamados a ser luz para los demás, para que podamos iluminarlos y mostrarles el camino que conduce al Padre, que siempre vela por sus hijos.

¿Qué lo impulsó a ser sacerdote?

Si entré al seminario es por agradecimiento al Señor, después de ver la obra que Dios ha hecho y sigue haciendo en mi vida. Soy el tercer hijo de padres separados: si el Señor ha permitido esto en mi historia, creo que es para encontrarme con él. Digo eso porque, por esta situación, crecí con un vacío dentro de mí; buscaba cariño en los demás, amigos, novias, en el trabajo… Y sobre todo buscaba la figura paterna que me faltaba. Entonces el Señor me encontró, cuando tenía 17 años: me invitaron a escuchar la catequesis del Camino Neocatecumenal. Allí, en una pequeña comunidad, Dios comenzó a darme las respuestas que buscaba en mi vida. Lentamente, me permitió reconciliarme con mis padres y conmigo mismo. Entendí que Él había dado forma a mi viaje, porque si mi padre no se hubiera ido de casa, yo podría no estar aquí hoy. Este hecho ciertamente habrá marcado mi vida, pero al mismo tiempo, gracias a él, experimenté a Dios como un Padre cercano a sus hijos. Así, poco a poco, con la ayuda de la comunidad y a lo largo de los años, empecé a sentir la llamada al sacerdocio y finalmente fui invitado al seminario Redemptoris Mater de Medellín en Colombia.

¿Tiene alguna expectativa para su futuro como sacerdote?

Por el momento, no. Considero que ser sacerdote es más que suficiente. Es una verdadera gracia de Dios para mí haber sido bendecido con una misión tan importante, especialmente en este momento, cuando hay mucha confusión. Sé que Dios ya ha preparado lo mejor para mí. Así que todo lo que puedo decir es que estoy abierto a lo que Él me llame a hacer. Lo que realmente importa es ser un signo para esta generación y para otras, y sobre todo hacer siempre la voluntad de Dios.