Retratos de seminaristas del Patriarcado Latino: Día 4

By: Cécile Leca/ lpj.org - Published: May 05 Thu, 2022

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BEIT JALA/KORAZIN – Desde 1852, unos 300 seminaristas han sido ordenados sacerdotes en los dos seminarios del Patriarcado Latino de Jerusalén, ubicados respectivamente en Beit Jala y Korazin (Galilea). Ya sean de Tierra Santa o de otros lugares, todos ellos, a lo largo de los años, han contribuido a mantener y hacer crecer las comunidades cristianas locales de la Diócesis de Jerusalén. Hoy, con motivo de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, instituida por el Papa Pablo VI cada 4º domingo de Pascua, y que este año se celebrará el 8 de mayo, lpj.org le invita a conocer el perfil de cinco jóvenes seminaristas del Patriarcado Latino, todos a punto de completar su formación.

IV/ Samuel Costanzo – seminarista a Corazín

Presentación:

¿Cuándo ingresaste al seminario?

Ingresé al seminario Redemptoris Mater en Galilea a la edad de 21 años. Después de estudiar filosofía, teología e idiomas, incluidos el árabe y el hebreo, fui ordenado diácono por Monseñor Pizzaballa el 21 de septiembre de 2021. Luego fui enviado a Eilat para servir en la parroquia del Patriarcado Latino. Me quedaré allí al menos hasta mi ordenación, que está prevista para junio de 2022. Espero que mi familia pueda asistir a pesar de la situación de salud...

¿Por qué eligió el seminario de Galilea?

Fue Dios quien me llamó allí. Cuando decidí, después de un largo camino personal, incorporarme al Camino Neocatecumenal (NB: movimiento eclesiástico nacido en 1964 en España, definido por Juan Pablo II como "ruta católica de formación", cuyo fin fundacional es la evangelización y el envío de misioneros a regiones consideradas descristianizadas), inmediatamente me ofrecieron enviarme a un seminario en Israel. ¡Este es probablemente el último lugar que esperaba! En mi cabeza me imaginaba más bien el continente africano, o China… No había pensado ni un segundo en Tierra Santa. Pero acepté. Y hoy me digo a mí mismo que si Dios me llamó aquí, fue quizás para redescubrir el origen de la fe, porque fue en esta tierra donde nació.

Este seminario me ha aportado mucho a nivel personal. Fue allí donde aprendí tres cosas fundamentales, que me ayudaron mucho durante mis estudios religiosos. Primero, la oración; su papel, su funcionamiento, su importancia en la vida de un cristiano (no sólo de un seminarista o de un sacerdote). Luego, obediencia; Vengo de una generación de rebeldes, ¡no es algo a lo que esté acostumbrado! Pero el seminario me enseñó a respetar la autoridad, a escuchar, a comprender y a ser sincero y honesto. En cuanto a lo tercero, se refiere a la importancia de la diversidad, lo que nos puede enseñar y aportar. En el seminario estuve rodeada de alemanes, italianos, franceses… Algunos venían de Ecuador, Colombia o del continente asiático, otros de Ucrania, Líbano o Estados Unidos… Conocer tantas mentalidades y culturas diferentes me abrieron la mente y también me hicieron entender la importancia del otro.

¿Cómo percibe el papel de un sacerdote?

En mi opinión, por encima de todo, un sacerdote está llamado a servir. Para servir no solo a sus feligreses, sino también a aquellos que se han alejado de la Iglesia o que no forman parte de ella. Debe actuar como una especie de puente entre las personas y la Iglesia, exactamente lo que el Camino Neocatecumenal hizo por mí. Por supuesto, solo, no puede hacer nada de esto. Debe trabajar junto con la Iglesia, con las familias, con los jóvenes.

La misión de un sacerdote es también dar respuesta a la pregunta que todos se hacen, la que concierne a la existencia de Dios. No simplemente proclamándolo alto y claro, sino compartiendo su experiencia, mostrando a otros la importancia de los santos sacramentos y de la fe, la unidad demostrada dentro de la Iglesia y el amor que Dios tiene por nosotros, y dando testimonio de Su mensaje.

¿Qué lo impulsó a ser sacerdote?

Mi elección de ingresar al seminario proviene en parte de mi viaje personal. Cuando era más joven, no estaba demasiado interesado en la Iglesia y en la vida parroquial en general. Realmente no iba a misa, no participaba en absoluto de esa vida. Estaba más bien centrado en mi carrera escolar y mis estudios. Cuando terminé la escuela secundaria, inmediatamente me matriculé en la Universidad La Sapienza de Roma para estudiar medicina. Como mis padres son médicos, esta elección me pareció obvia. Pero al mismo tiempo, tenía una duda persistente...

En realidad, fue a los 18 años cuando realmente empezó mi cuestionamiento, cuando tuve la oportunidad de asistir a un encuentro organizado por el Camino Neocatecumenal. Fue durante esta reunión que comprendí lo que significa vivir la vida como cristiano y asegurar que nuestras acciones reflejen nuestra fe. Después hubo encuentros con sacerdotes, uno de los cuales fue muy solidario –mi situación familiar era complicada en ese momento, mi madre padecía cáncer– y luego la JMJ de 2013, a la que asistí. Realmente sentí que faltaba algo en mi vida, que no estaba en el camino correcto. Así que le pedí a Dios: "Dios, si realmente quieres algo de mí, algo más, muéstrame qué es".

Unos días después, tuve la oportunidad de participar en un encuentro con el Papa… luego, al día siguiente, en un encuentro con Kiko y Carmen Hernández, los fundadores del Camino Neocatecumenal, así como con el Padre Mario Pezzi, quien les ayudó en su proceso. Ese día hicieron una llamada a todos los que se creían llamados por Dios. Elegí responderla.

¿Tiene alguna expectativa para su futuro como sacerdote?

Confío en Dios. Sé que Él sólo quiere mi felicidad. No me importa a dónde me envíen después de mi ordenación, porque sé que vendrá de Él. Durante mis años en el seminario aprendí a dejarme guiar, a aceptar las cosas como suceden, aunque al principio sienta dudas o miedo. Así fue, por ejemplo, cuando me enviaron a Qatar, a una parroquia que celebraba dieciséis misas a la semana, de jueves a domingo, con entre 4.000 y 5.000 fieles, casi todos de origen extranjero. Cuando llegué, ¡estaba muy intimidado! Pero al final, mi experiencia allí fue increíblemente rica. Se me había ocurrido la idea de llevar algo a estos feligreses, pero son ellos, en realidad, quienes me han ayudado en mi caminar y en mi pensamiento.