ENTREVISTA – El recién nombrado administrador apostólico del Patriarcado Latino por el papa Francisco, el 24 de junio de 2016, el padre Pierbattista Pizzaballa, quien era custodio de Tierra Santa desde hace 12 años, evoca la sorpresa de su candidatura y los desafíos de su nueva misión.

¿En qué estado de ánimo recibió su nombramiento para esta tarea delicada e importante que se le ha confiado? ¿Cómo ve su nueva misión?

Me enteré de esta nominación con gran sorpresa y asombro. Tenía en mente que al menos por un tiempo, estaría estar lejos de la Tierra Santa. Más bien, para mi sorpresa me llamaron de nuevo para servir al Patriarcado Latino, rico y dinámico, y voy a tratar de aprender desde una nueva perspectiva.

Cómo podría expresar a las autoridades superiores de la Santa Sede de mi inquietud y preocupación, porque son conscientes de mis limitaciones personales. También son muy conscientes de que mucha gente va a hacer muchas preguntas.

Voy a tratar de mantener todo en mi corazón, para tratar de comprender cómo nutrir la vida de la Iglesia en esta circunstancia particular.

Al mismo tiempo, también soy consciente de que tengo que superar mis miedos y mis complejos. Como dice San Pablo, (2 Co 12: 9-10) “Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo….. porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.

 

¿Cuáles son las primeras palabras que le gustaría decir a los fieles de la comunidad latina cristiana en Tierra Santa?

Esperanza, fe, valor. Queremos mirar hacia el futuro de nuestra Iglesia con confianza y con esperanza, con la certeza de que el Señor nos sostiene y acompaña. Debemos y queremos ser una Iglesia que entra en diálogo con todos, en una tierra desgarrada por las divisiones de todo tipo, y ser un pequeño signo de unidad.

Nuestros pequeños temores no deben convertirse en el criterio por el cual medimos la vida de la Iglesia. En vez, queremos ver nuestra porción de la Iglesia con los ojos del Espíritu, capaz de ver la vida y construirla, incluso en las situaciones más difíciles.

Dios necesita instrumentos pobres como nosotros, porque la grandeza de Su amor se manifiesta a través de nosotros.

La Iglesia, nuestra Iglesia, debe tener un gran aliento, que puede ir más allá, viendo siempre “más”, y dar testimonio de su pertenencia a Jesús.

 

¿Qué opina de lo que podrían ser los retos más importantes de su mandato?

Es demasiado pronto para definir específicamente los desafíos delante de mí. Soy consciente de que, como administrador, voy a tener un tiempo limitado y luego se debe medir de manera realista el servicio a realizar. Para mí está claro que no puedo hacer nada por mí mismo, sino que la cooperación de toda la Iglesia, obispos, sacerdotes y laicos, es una prioridad. Creo que mi papel es mostrar el camino, como lo hizo Juan el Bautista. Voy a tratar de reunirme rápidamente con el clero local, el alma de la Diócesis; los seminaristas y la gran presencia religiosa. Voy a prestar atención a la inmensidad de la Diócesis y sus complejidades, para entrar en las situaciones con humildad y respeto, y juntos tratar de encontrar vías de solución.

 

¿Cuál es su opinión acerca de la situación en Tierra Santa, marcada por un conflicto tan profundo y complejo, y qué es lo usted cree que es el papel de la Iglesia Madre de Jerusalén, en esta tierra desgarrada?

Como ya he dicho, en una tierra herida por divisiones y conflictos, la prioridad es ser un signo de unidad entre nosotros y con otras comunidades cristianas. Entonces, es tener un diálogo abierto, honesto y amigable con las comunidades religiosas de los musulmanes y los judíos.

Es importante tratar de comprender las situaciones complejas, y no apresurarse a emitir juicios; tener un corazón deseoso de conocer a todos, para trabajar en paz con todo el mundo sin distinción y sin miedo; y por la justicia y la paz.

Consciente de que la solución a los problemas que enfrenta el país es remota, en definitiva, deseamos estar dentro de esta situación con nuestra actitud cristiana: clara, sin temores y de todo corazón dispuestos a recibir a cualquier persona.

Entrevista de Myriam Ambroselli

Versión original en italiano

 

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