"Francia necesitaba escuchar directamente a un pastor que vive día a día junto al pueblo de Tierra Santa". Con estas palabras, Mons. Hugues de Woillemont, Director General de L’Œuvre d’Orient, expresó el significado más profundo de la visita de Su Beatitud el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, a Francia, del 8 al 14 de junio, acompañado por Mons. William Shomali, Vicario General, y el P. Davide Meli, Canciller del Patriarcado Latino. La entrevista completa se puede leer aquí.
Invitado conjuntamente por L’Œuvre d’Orient y el Santuario de Paray-le-Monial, donde presidió la celebración de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús bajo el lema «Jerusalén, la Primera Ciudad del Corazón de Jesús», la visita del Cardenal Pizzaballa fue mucho más que una serie de reuniones oficiales y celebraciones litúrgicas. Se convirtió en un momento de encuentro entre la Iglesia en Francia y la realidad viva de la Iglesia de Jerusalén, transmitida a través de la voz y el testimonio de su pastor.
Durante su estancia, el Patriarca se reunió con responsables de la Iglesia, autoridades civiles francesas y miles de fieles, compartiendo con ellos las esperanzas, los sufrimientos y la perseverancia de las comunidades cristianas de Tierra Santa. Desde el estallido del conflicto actual, muchas voces se han pronunciado sobre la región; sin embargo, como señaló Mons. de Woillemont, pocos pueden transmitir la profundidad humana, espiritual y pastoral de un pastor cuyo ministerio cotidiano abarca Jerusalén, Gaza, Cisjordania, Israel y Jordania.
Este artículo se basa en una entrevista exclusiva con Mons. Hugues de Woillemont, Director General de L’Œuvre d’Orient, junto con la cobertura de la reciente visita del Cardenal Pizzaballa a Francia.
Un gesto de reconocimiento
Uno de los momentos más destacados de la visita fue la recepción del Cardenal Pizzaballa en el Palacio del Elíseo, donde el Presidente Emmanuel Macron le impuso la insignia de Caballero de la Legión de Honor en reconocimiento a su prolongado compromiso con el diálogo, la justicia, la convivencia pacífica y su servicio a los pueblos de Tierra Santa.
El Patriarca recibió esta distinción no solo como un reconocimiento personal, sino como un homenaje a todos los pueblos de Tierra Santa, así como a las instituciones francesas presentes sobre el terreno que sirven a los más vulnerables a través de hospitales y escuelas.
A lo largo de la visita, las autoridades francesas reafirmaron su compromiso de apoyar la presencia cristiana en Tierra Santa, salvaguardar el histórico Status Quo de los Santos Lugares de Jerusalén y continuar prestando asistencia humanitaria.

El presidente Emmanuel Macron entrega al patriarca la insignia de Caballero de la Legión de Honor
Una voz pastoral desde Tierra Santa
Durante su estancia en París, el Cardenal Pizzaballa se reunió con el Ministro francés para Europa y de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, así como con los miembros del Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal Francesa. Estos encuentros brindaron la oportunidad de compartir la realidad cotidiana de Tierra Santa y la misión de la Iglesia local, ofreciendo un testimonio de primera mano en un momento en que la región sigue ocupando un lugar central en las conversaciones internacionales.
Para Mons. Hugues de Woillemont, la visita también puso de relieve una dimensión a menudo olvidada: la misión de los cristianos en Tierra Santa no se limita a responder a las necesidades humanitarias. "También implica sostener su vocación específica: permanecer en esta tierra, apoyar las instituciones educativas, sociales y eclesiales, y seguir siendo artesanos del diálogo y de la paz", afirmó.
"A menudo se les menciona cuando están bajo amenaza", añadió, "pero mucho menos cuando continúan viviendo, enseñando, cuidando, rezando y sirviendo a sus comunidades". Esa continuidad de la vida cotidiana, subrayó, constituye en sí misma un testimonio. En este sentido, observó Mons. de Woillemont, el mensaje del Patriarca fue más allá del lenguaje de la crisis. "Vino a hablar de un futuro para los pueblos de Tierra Santa".

El cardenal Pizzaballa se reunió con representantes de la educación católica en la sede de la Dirección Diocesana de Educación Católica de París el 10 de junio de 2026.
De «la Ciudad Santa» a «la Ciudad del Sagrado Corazón»
La segunda parte de la visita llevó al Cardenal Pizzaballa al Santuario de Paray-le-Monial, donde presidió las celebraciones de la Solemnidad del Sagrado Corazón. La elección de Paray-le-Monial tenía un profundo significado, al ser el lugar de las apariciones del Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque, permitiendo a los peregrinos redescubrir esta devoción a la luz de su origen bíblico en Jerusalén, donde Cristo reveló la plenitud del amor divino mediante su Pasión, Muerte y Resurrección.
En su homilía de la Solemnidad, el Cardenal Pizzaballa invitó a los fieles a contemplar el Corazón de Cristo no como una devoción privada, sino como la fuente de toda la vida cristiana. Reflexionando sobre las lecturas, destacó el amor gratuito de Dios, que elige, crea y sostiene libremente a la humanidad. Como explicó: «El amor de Dios es el origen de todo. Por amor Dios crea, por amor Dios salva, por amor Dios guía, y por ese mismo amor Jesús vino a nosotros».
De esta convicción brota la vocación cristiana: no apoyarse únicamente en los propios esfuerzos, sino responder al amor que nos precede. Como continuó el Patriarca: «La vida del mundo no depende en primer lugar de nuestros propios esfuerzos, sino del amor de Dios que nos sostiene. Nos convertimos en constructores del amor solo en la medida en que respondemos a ese amor».
Concluyó recordando a los fieles que el Corazón de Cristo es el lugar donde los creyentes encuentran ese amor y la fuerza para llevar sus cargas, porque Cristo no promete una vida sin dificultades, sino su presencia en medio de ellas.
Asimismo, recordó: «Antes de nuestra respuesta hay una llamada; antes de cualquier mérito por nuestra parte, está la gratuidad de Dios»,
invitando a los cristianos a comprender toda su vida como una respuesta al amor recibido en primer lugar.

El cardenal Pizzaballa pronuncia la homilía durante la misa con motivo de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús
Al hacer balance de la visita, Mons. Hugues de Woillemont destacó la coherencia del mensaje del Patriarca a lo largo de toda la semana, desde las reuniones oficiales hasta los momentos de oración en Paray-le-Monial. En el centro de ese mensaje había una única invitación: afrontar la realidad sin ceder a la deshumanización del otro y creer que la reconciliación sigue siendo posible.
"El Cardenal Pizzaballa no minimiza ningún sufrimiento ni elude ninguna dificultad", afirmó, "pero se niega a considerar imposible la reconciliación. En el contexto actual, estas palabras tienen un peso particular".
Para Mons. de Woillemont, esta perspectiva ilumina también la vocación de los cristianos en Tierra Santa: no solo soportar las dificultades, sino permanecer, educar, servir y sostener espacios de encuentro en una sociedad profundamente fracturada.
Una llamada compartida a mantener el corazón abierto
No es casualidad que la visita concluyera en Paray-le-Monial. "Entre Jerusalén y Paray", señaló, "existe una llamada compartida a mantener el corazón abierto".
En sus encuentros con responsables públicos, representantes de la Iglesia y peregrinos reunidos en oración, presentó a la Iglesia de Jerusalén no solo como una comunidad marcada por las dificultades, sino como un testimonio vivo llamado a proclamar la dignidad de toda persona humana, custodiar la posibilidad de la comunión y hacer presente el amor de Cristo en una tierra que sigue marcada por la división y el conflicto.

