JERUSALÉN – 18 de febrero de 2026, Su Beatitud el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, marcó el inicio de la Cuaresma para la Diócesis de Jerusalén celebrando la Misa del Miércoles de Ceniza en la Procatedral del Patriarcado Latino en Jerusalén.
A la Misa asistieron empleados del Patriarcado Latino, miembros de organizaciones de la CCAO y fieles locales. Concelebraron Mons. Giacinto-Boulos Marcuzzo, Vicario General Emérito; el P. Piotr Zelasko, Vicario del Vicariato de Santiago; y varios sacerdotes.

Una Llamada a Redescubrir el Verdadero Tesoro
En su homilía, el Cardenal Pizzaballa invitó a los fieles a abrazar el tiempo de Cuaresma como un camino en la búsqueda del verdadero tesoro de la vida: la presencia de Dios.
Reflexionando sobre las dos frases pronunciadas durante la imposición de cenizas – "Recuerda que eres polvo y al polvo volverás" y "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" – el Patriarca destacó que ambas son inseparables. Explicó que el arrepentimiento es un auténtico viaje interior en busca del rostro de Dios que habita en nuestro interior.
| "Convertirse significa penetrar dentro de uno mismo y encontrar el rostro de Dios, ser sincero ante Él", dijo. |
A partir de las lecturas, recordó a los fieles que Jesús llama al ayuno, la oración y la limosna no como manifestaciones externas, sino como actos sinceros e interiores. "Las prácticas cuaresmales tradicionales no son meras obligaciones, sino caminos que nos conducen a ese encuentro", dijo, subrayando la importancia de recordar a los necesitados y de volver a familiarizarnos con la Palabra de Dios.
Limpiando el Polvo de Nuestros Corazones
Afirmando que todos somos pecadores y conscientes de nuestra pobreza interior, el Cardenal Pizzaballa explicó que la oración, el ayuno, la caridad y el Sacramento de la confesión son los medios por los cuales no solo reconocemos que somos polvo, sino que purificamos el polvo de nuestros corazones y vidas.
"No podemos encontrar el rostro de Dios", dijo, "sin reconocer primero que somos polvo, no solo porque fuimos creados del polvo, sino porque a menudo nuestros corazones están cubiertos por él". La verdadera purificación, explicó, solo se logra recurriendo a la misericordia de Dios y reconociendo nuestra necesidad de arrepentimiento y conversión: Incluso pequeños pasos de conversión, afirmó, pueden transformar nuestras vidas.

Una Señal de Pertenencia
Al concluir su homilía, el Patriarca reiteró la importancia de ayunar seriamente, orar sinceramente y recordar a los pobres, invitando a los fieles a dejar que este signo de la Cruz hecho con cenizas nos lleve a acercarnos a Dios con humildad y a pedir perdón:
"Que este signo de la Cruz nos recuerde a quién pertenecemos, al Dios de la misericordia y el perdón, a quien confesamos nuestros pecados y de quien deseamos recibir el perdón".
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*Durante toda la Cuaresma, las Meditaciones Dominicales del Patriarca se publican cada jueves en lpj.org.

