Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
¡Que el Señor os dé paz!
A medida que nuestra Diócesis se adentra de lleno en el Tiempo Pascual, tenemos la gracia de celebrar juntos la Semana de Oración por las Vocaciones (del 20 al 26 de abril).
En su reciente carta sobre las vocaciones, el Santo Padre, el Papa León XIV, subrayó que la vocación "es un Don que se Descubre en el Interior". Como tal, es un don y una llamada que encuentra su lugar en el corazón humano. Es ante todo del corazón del Señor Jesús, el Buen Pastor (Jn 10, 11), de quien aprendemos el significado de la vocación. Jesús escuchó con todo su corazón la llamada del Padre y respondió a esa llamada en libertad por la salvación del mundo. La gran tradición espiritual de la Iglesia nos enseña a descubrir también la presencia de la luz bondadosa de Dios en nuestros propios corazones.
Una vocación nace de un contexto específico y no de un entorno mitológico. Así, las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada nacen del contexto de una comunidad cristiana, en la que las personas y las familias generan entornos de fe y oración. Nuestras comunidades no son perfectas ni ideales, y tampoco lo son nuestras vocaciones. Podemos aprender a descubrir estas realidades y acogerlas tal como son, pues es en esos contextos donde podemos llegar a escuchar la voz de Dios en nuestras propias vidas.
Escuchar es una habilidad que requiere silencio interior y a menudo necesita la guía que otra persona de fe, más experimentada, ya ha adquirido. Por la fe, sabemos que la voz de Dios existe. Sin embargo, a menudo nos cuesta oírla cuando Él nos llama. Al igual que el profeta Samuel, debemos aprender a reconocer la voz de Dios. Por esta razón, permítanme compartir algunas sugerencias concretas sobre cómo vivir esta semana:
Durante la Semana de las Vocaciones, las Misas diarias y la Misa dominical en las parroquias, comunidades y seminarios deben incluir una intención común por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, utilizando los textos proporcionados en el Misal (Oraciones y misas para ocasiones o necesidades específicas; Misal árabe: pp. 1267, 1278). Además, durante la semana se podrá celebrar una Adoración Eucarística central por las vocaciones, presidida por el respectivo vicario patriarcal (en una fecha que se establecerá en cada vicariato).
A nivel parroquial, el Domingo del Buen Pastor debe destacarse claramente como la culminación de la semana. Se invita a las parroquias a celebrar un momento sencillo de Adoración Eucarística o de oración comunitaria por las vocaciones, en un día que se adapte a su realidad local, utilizando el material preparado a nivel central (y también podría realizarse durante una actividad). Se anima a los sacerdotes a predicar explícitamente sobre la vocación al sacerdocio y a la vida consagrada, en lugar de sobre la vocación en general. Es aconsejable incluir intenciones específicas por las vocaciones sacerdotales y religiosas en la Oración de los Fieles a lo largo de la semana. Durante esa semana, las reuniones de jóvenes, acólitos y scouts deben dedicarse al tema de las vocaciones. Las Escuelas Católicas, especialmente nuestras Escuelas Parroquiales, pueden elegir un día de esta semana para celebrar una Misa con esta intención. Siempre que sea posible, se anima a las parroquias cercanas a organizar un momento o actividad vocacional conjunta, fomentando la colaboración y la responsabilidad compartida.
La intención no es multiplicar las iniciativas, sino ayudar a toda la Diócesis a rezar juntos, de forma sencilla e intencionada, haciendo de las vocaciones una responsabilidad compartida en lugar de una preocupación aislada.
Queridos hermanos y hermanas, mientras caminamos a la luz del Señor resucitado y, aunque en medio de las pruebas, celebramos con alegría pascual, os aseguro mis oraciones por las vocaciones de manera especial e invoco la bendición de Dios Todopoderoso sobre todos, por intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia.
¡En Cristo Resucitado!
+Pierbattista Card. Pizzaballa
Patriarca Latino de Jerusalén

