A principios del año 2026, el 1 de enero, Su Beatitud el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, presidió la Santa Misa con motivo de la Solemnidad de María, Madre de Dios, y la 59.ª Jornada Mundial de la Paz en la Pro-Catedral del Patriarcado Latino en Jerusalén.
La Misa fue concelebrada por Mons. William Shomali, Vicario General del Patriarcado Latino, Mons. Adolfo Tito Yllana, Nuncio Apostólico en Tierra Santa, Mons. Bolous Marcuzzo, y Mons. Ilario Antoniazzi, junto con varios sacerdotes. A la celebración asistieron el Cónsul español, representantes de los Consulados francés e italiano, así como numerosos Caballeros y Damas de la Orden del Santo Sepulcro, religiosas y fieles de Jerusalén.

La Jornada Mundial de la Paz, que se celebra cada año el 1 de enero, es una jornada litúrgica anual establecido por el Papa Pablo VI en 1967 dedicado a la oración y la reflexión sobre los métodos para construir la paz en el mundo. "Hacia una paz 'desarmada y desarmante'", es el tema elegido por el Papa León XIV para la 59ª Jornada Mundial de la Paz de este año, que aborda la reciente violencia que se vive en todo el mundo, asegurando que la verdadera paz no proviene a través de la violencia, sino de Dios, que nos ama a todos incondicionalmente, a través de la paz del Cristo Resucitado.
"Theotókos", la revelación de un método divino
Al reflexionar sobre la Solemnidad de María, Madre de Dios, y la Jornada Mundial de la Paz, el Cardenal Pizzaballa destacó en su Homilía que ambas celebraciones están inseparablemente unidas, afirmando que "María es la raíz de la paz porque trajo al mundo a su Príncipe, Aquel que es nuestra paz". Explicó que comenzar el nuevo año con María significa elegir "no el cálculo, sino la aceptación; no el miedo, sino la confianza", siguiendo el humilde "sí" con el que Dios entró en la historia de humana.
Comentando el Evangelio, el Patriarca destacó la actitud interior de María de "atesorar y meditar", presentándola como el fundamento de la paz auténtica en un mundo marcado por la prisa, el ruido y la violencia. "María nos enseña que no hay paz exterior sin esta paciencia interior, sin esta “gestación” espiritual de los acontecimientos a la luz de Dios", dijo.
Refiriéndose al título Theotókos, Madre de Dios, proclamado por el Concilio de Éfeso, señaló que es "la revelación de un método divino", describiendo a la Madre de Dios como "el lugar teológico donde entendemos cómo Dios desea actuar".
| La paz, explicó, "no desciende de lo alto como un milagro mágico que anula las contradicciones; brota lentamente, como una semilla, del terreno fértil de un corazón que dice: 'Aquí estoy', que se convierte en espacio, que se pone a disposición". - Card. Pizzaballa |
Reflexionando sobre la bendición sacerdotal del Libro de los Números, el Patriarca afirmó que la paz "no es la ausencia de problemas ni conflictos", sino "la presencia del Rostro de Dios", que en Jesús encuentra nuestra humanidad y brilla en nuestra oscuridad. Invitó a los fieles a convertirse, como María, en "reflejos", "guardianes" y "mediadores" de la luz de Dios, en un mundo marcado por heridas, miedos y un profundo anhelo de esperanza.
"Incluso en este nuevo continente digital, el método sigue siendo mariano"
Extendiendo este llamamiento a las realidades contemporáneas, el Cardenal Pizzaballa recordó a los fieles que "la tecnología es siempre una extensión del corazón humano". Instó a los fieles a convertirse en "artesanos de la paz" incluso en el mundo digital, salvaguardando la dignidad humana y sirviendo a la verdad con caridad. Refiriéndose a la guerra reciente, señaló que los espacios digitales a menudo se convirtieron en instrumentos de manipulación, división, vigilancia opresiva y nueva soledad, sin embargo, los cristianos están llamados a transformarlos en lugares de encuentro, comunicación responsable y construcción de la paz, utilizando cada palabra compartida y cada elección hecha en línea como un acto ético al servicio del bien común.

Un camino mariano para el nuevo año
Al concluir su homilía, el Cardenal Pizzaballa invitó a los fieles a adoptar tres actitudes esenciales, "atesorar, meditar y acoger", como antídoto contra la violencia y método concreto para construir la paz. Poniendo el Año Nuevo bajo la protección maternal de María, Madre de Dios, oró para que el rostro de Dios brille sobre todas las familias y comunidades, en Tierra Santa, herida pero amada, y en un mundo que anhela esperanza, invocando "una paz que nace del corazón de Dios, pasa por el corazón de una Madre y se confía a nuestras manos y corazones como hijos".
Al final de la Misa, Su Beatitud saludó a todos los fieles en el Diván del Patriarcado Latino, ¡deseándoles un feliz y bendecido Año Nuevo!





