Por Emiliano Eusepi
El Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, ha realizado una significativa visita a Puglia entre el 12 y el 14 de agosto. Un viaje denso de encuentros, iniciado con un momento de reflexión y oración en Monopoli el 12 de agosto y que prosiguió en Alessano para recordar el ejemplo profético de Mons. Tonino Bello, auténtico testigo de paz, para continuar después en Santa Maria di Leuca y dialogar con jóvenes del Mediterráneo.
Un viaje que no ha sido solo un encuentro institucional, sino un análisis lúcido y doloroso de nuestra condición humana. La visita comenzó el 12 de agosto en Monopoli, donde el Patriarca fue acogido por una numerosa comunidad, en un clima de profunda escucha y oración.
En esta primera etapa, el Cardenal quiso subrayar la importancia del vínculo entre las Iglesias del Mediterráneo, invitando a los fieles a no cerrarse en su propio dolor, sino a mantener viva la mirada sobre la universalidad del drama de Tierra Santa. Este primer encuentro sentó las bases del tema central de todo el viaje: la necesidad de una actitud de acogida hacia el otro que sea capaz de leer los signos de los tiempos.
El recorrido continuó en Alessano, ante la tumba de Mons. Antonio Bello, donde el Cardenal recibió el "Premio Don Tonino Bello" de manos del presidente de la fundación, el Dr. Giancarlo Piccinni.
Entrevistado por el periodista Mimmo Muolo del diario italiano *Avvenire*, Pizzaballa reflexionó sobre la actualidad del pensamiento del obispo salentino: "De Mons. Tonino Bello debemos tomar el criterio con el que hablaba, con el que tomaba sus decisiones, y luego llevarlo a nuestro tiempo y a nuestras circunstancias precisas. Creo que una cosa está clara: en primer lugar, no se habría quedado callado... no cambiaremos la gran política, pero es nuestro deber, en el territorio donde estamos, en nuestras realidades, ser esa presencia viva, determinada y clara, sobre todo capaz de hablar."
Al profundizar en la dramática situación de Oriente Medio, el Patriarca subrayó cómo la violencia es simplemente el fruto de la actividad verbal, generado mucho antes.
Pizzaballa pronunció en Alessano una importante reflexión: el ser humano define la realidad que lo rodea a través del modo en que se comunica, pero cuando este lenguaje se vuelve "deshumanizante", el otro deja de ser un "tú" con quien hablar y se convierte solo en un "objeto" a eliminar. Y recordó: "Nosotros estamos dentro de un contexto de violencia física, militar... pero la violencia comenzó antes, en las palabras, en el lenguaje deshumanizante que se usaba. Un lenguaje violento crea una cultura violenta que se transforma en violencia... no basta con decir 'no' a las armas; debemos trabajar para recuperar un lenguaje, una palabra, un pensamiento que considere al otro como parte de uno mismo."
Desde una perspectiva ética y moral, las palabras del Patriarca a los jóvenes del campamento "Carta di Leuca" tocan las raíces de la crisis del hombre contemporáneo quien, en su aislamiento y fragmentación interior, parece haber perdido la capacidad de reconocer al otro como parte fundamental de su propia identidad.
La deshumanización provocada por la violencia no es solo una estrategia de quien quiere la guerra, sino que es una "enfermedad" de las relaciones, una enfermedad que es necesario curar.
En sus discursos en Puglia, y especialmente a los jóvenes, el Cardenal Pizzaballa recordó que no existe una identidad solitaria: yo me convierto en mí mismo solo en el momento en que reconozco al otro como "parte de mí", y el conflicto, en este sentido, es la destrucción radical de la necesidad de encontrarse.
La propuesta del Cardenal —"afrontar las cosas" con el otro, vivir juntos a pesar de las heridas— representa un desafío para todos que requiere un salto de madurez: pasar de la defensa de uno mismo a la cultura de la acogida del otro como elemento fundamental que completa nuestra existencia.
En su encuentro con los jóvenes de la 'Carta di Leuca', el Cardenal interpretó el Mediterráneo no como una frontera, sino como un "encuentro", porque "el Mediterráneo desde siempre, durante milenios, ha sido siempre un encuentro de culturas, lenguas y tradiciones diferentes... las poblaciones se han encontrado siempre, por lo que existirá esa necesidad de encontrar las formas para conocernos mutuamente para que todas estas diferencias no se conviertan en algo que asusta".
El miedo, recordó el Patriarca a los jóvenes, nace del desconocimiento, y conocer es un acto de la mente y del corazón; solo cuando el conocimiento se convierte en relación, el miedo al "diferente" se transforma en descubrimiento.
La celebración eucarística en Santa Maria di Leuca representó el punto culminante de la visita.
Al comentar las lecturas, el Cardenal Pizzaballa planteó el interrogante fundamental que sacude a toda conciencia: "Adán, ¿dónde estás? Muy a menudo en Tierra Santa... la gente se pregunta: '¿Dónde está Dios en todo esto?' Y yo respondo con esta pregunta, con la pregunta de Dios: no '¿Dónde está Dios?', sino '¿Dónde estás tú, hombre? ¿Qué hemos hecho de nuestra humanidad?'", recordando a los jóvenes presentes que la dignidad del hombre no reside en el poder, sino en el hecho de ser "imagen y semejanza de Dios".
El Patriarca exhortó a no delegar la paz en los "macrosistemas", sino a actuar en el propio contexto cotidiano porque "nosotros pensamos que la paz la deben hacer los poderosos, pero en cambio pasa a través de la libre elección de cada uno de nosotros... Debemos continuar generando vida, no debemos resignarnos a que no podemos hacer nada... debemos mantener la espalda erguida, la cabeza debe mirar hacia arriba, pero la mano debe estar siempre abierta hacia todos."
El mensaje que el Patriarca transmitió a los jóvenes es, por tanto, una invitación a la acción responsable y a hacer crecer la "cultura de la esperanza", que no es un optimismo superficial, sino una fuerza interior que nace del deseo. Santa Maria di Leuca debe ser un "ojo abierto" sobre el Mediterráneo, y ser el símbolo de esta nueva actitud humana y espiritual: "mantener la mirada elevada hacia Dios y la mano abierta hacia el hermano", siendo esta la única manera de escribir, juntos, una historia de paz y diálogo.








