27 de septiembre de 2026
XXVI Domingo del Tiempo Ordinario, año A
Mt 21, 28-32
El Evangelio de hoy (Mt 21, 28-32) nos propone una parábola: la de los dos hijos a quienes un padre envía a trabajar a su viña. El primero dice que no, pero luego decide ir; el segundo dice que sí, pero luego no va.
Respecto al pasaje evangélico del domingo pasado (Mt 20, 1-16), el contexto ha cambiado profundamente.
Con el capítulo 21 de Mateo entramos, de hecho, en los acontecimientos de la Pascua: Jesús ha hecho su entrada en Jerusalén (Mt 21, 1-11) y luego ha entrado en el templo, de donde ha expulsado a todos los que vendían y compraban (Mt 21, 12-17). Ahora está de nuevo en el templo y discute con los sacerdotes y los ancianos del pueblo.
Es a ellos a quienes Jesús cuenta esta parábola. El gesto con el que ha purificado el templo los ha provocado y molestado; ahora lo interrogan sobre su identidad y su autoridad: "¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te ha dado esta autoridad?" (Mt 21, 23).
Jesús, como ocurre a menudo, no responde directamente, sino que les ofrece un camino para mirar en su interior y tomar conciencia de la dureza de sus corazones, cerrados a la novedad de Dios que los está alcanzando.
Por eso, les propone el ejemplo de Juan el Bautista, reconocido por el pueblo como un profeta, pero rechazado con desdén por ellos (Mt 21, 24-27).
No se trata, por tanto, solo de saber con qué autoridad Jesús ha expulsado a los mercaderes del templo, sino de comprender si están dispuestos —y hasta qué punto— a arriesgarse y a creer en la revelación de Dios. Puede ocurrir, en efecto, que una persona piense y diga que está disponible para acoger al Señor, mientras que en los hechos no lo está.
He aquí, pues, la parábola de hoy.
La parábola habla de dos hermanos que tienen una cosa en común: ambos terminan actuando de manera diferente a lo que habían dicho.
El primero dice que no y luego va; el segundo dice que sí y luego no va.
¿Cuál es, entonces, la diferencia entre ambos? Está en una palabra que Mateo usa solo para el primer hermano: el "arrepentimiento".
El segundo dice una cosa y luego hace otra. De palabra parece obediente y coherente, pero en los hechos esquiva la petición del padre y se queda donde está. Del primer hijo, en cambio, y solo de él, se dice que se arrepintió (Mt 21, 29): al principio afirma no tener ganas, pero luego se arrepiente. Es un verdadero cambio de rumbo, una verdadera conversión.
El mismo término, arrepentimiento, reaparece en el último versículo. Jesús dice a sus interlocutores que, ante Juan el Bautista, los publicanos y los pecadores se convirtieron. Los fariseos y los jefes de los judíos, vieron y escucharon al Bautista; vieron también la conversión de los publicanos y de los pecadores y, sin embargo, no se arrepintieron para creerle (Mt 21, 32).
Existe, pues, el arrepentimiento de los más humildes, de los publicanos y de los pecadores, que pasan del «no» inicial a la propuesta de Dios a un «sí» pronunciado con su vida. Pero también hay un arrepentimiento pedido a los primeros, a los justos, a los obreros de la primera hora.
¿En qué consiste este arrepentimiento?
Si recordamos la parábola del domingo pasado, la de los obreros de la última hora, podríamos decir que la conversión de los primeros consiste en rendirse a la gratuidad del don de Dios.
Los últimos se convierten más fácilmente que los primeros y, como dice Jesús, pasan delante de ellos (Mt 21, 31).
No porque sean mejores, sino porque pueden ser alcanzados y están dispuestos a cambiar.
Su corazón no está protegido por estructuras o por roles: no tienen nada que defender. Y cuando la Palabra llega a ellos, se ponen en camino.
Para los primeros, para los justos y para los buenos, es más difícil. Su arrepentimiento es más exigente, porque requiere renunciar a su propia rectitud y a las propias certezas, y por tanto también a las ideas que se han construido sobre sí mismos y sobre Dios.
Es la conversión de quien reconoce que necesita, como todos, la salvación y la misericordia; y precisamente por eso, se vuelve libre para alegrarse del bien, dondequiera que se revele y se ofrezca gratuitamente a todos.
+Pierbattista
*Traducido del italiano

