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Reflexión del Arzobispo Pizzaballa: II Domingo de Adviento, año B

6 de diciembre de 2020 

II Domingo de Adviento, año B 

El domingo pasado vimos la relación entre el Señor y la historia. En cierto sentido también la encontramos hoy. La primera palabra con la que se abre el Evangelio de Marcos (Mc 1,1-8) es arché, que significa inicio, principio, fundamento. Es la palabra con la que se abre el primer libro de la Biblia (Génesis) con el relato de la creación. 

El evangelista Marcos no usa esta palabra al azar: quiere decir que lo que está a punto de narrar es un comienzo, una nueva historia, una nueva creación. Y así como al inicio de la primera creación estaba la Palabra de Dios, esa Palabra con la que Dios creó todo de la nada, así también ahora hay una Palabra nueva: es una Palabra que Dios dirige a Su Hijo, al Mesías, justo en el momento en que el Hijo está por entrar en el mundo. 

El evangelista lo toma del Antiguo Testamento: "Como está escrito en el profeta Isaías: He aquí que envío mi mensajero delante de ti: él preparará tu camino. Voz de quien clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas” (Mc 1,2-3). 

Marcos refiere toda esta cita a Isaías, pero en realidad la cita del Evangelista es la suma de tres citas diferentes, de tres libros diferentes del Antiguo Testamento: 

En primer lugar, está el Éxodo (23,20): "He aquí, envío un ángel delante de ti para que te mantenga en el camino y te deje entrar en el lugar que he preparado"; luego está el profeta Malaquías (3,1): "He aquí, enviaré mi mensajero para preparar el camino delante de mí"; y, finalmente está verdaderamente el profeta Isaías (40,3): "Una voz clama: en el desierto, preparen el camino para el Señor, allanen el camino para nuestro Dios". 

Estas tres citas tienen en común el camino, la vía: es también la vía por la que camina Dios mismo con su pueblo, el camino por el que viene el Señor, porque Dios está volviendo y camina de nuevo con su pueblo. Todo esto, dice Marcos, es un "evangelio" (Mc 1,1) que significa "buena noticia", un buen anuncio, una palabra llena de esperanza. Es Jesús quien anuncia la buena nueva y es él mismo el contenido de esta buena noticia. La noticia y el anunciador coinciden. Las buena noticia en Jesús se ha hecho historia. 

Marcos, nuevamente en el primer versículo, nos da dos pistas importantes que nos hacen entender hacia dónde nos llevará este camino. El evangelista inmediatamente nos da una definición de Jesús y afirma que Jesús es el Cristo, el Mesías, el enviado de Dios, el que fue prometido como rey del linaje de David, quien habría de cumplir las Escrituras y los profetas. Y luego también dice que este hombre es el Hijo de Dios, él mismo es Dios. 

En definitiva, Marcos dice de inmediato cuál es el objetivo, a dónde llegarán los que emprendan el camino partiendo de este nuevo comienzo que es el mismo Jesús. Dice a dónde irá, quien paso a paso leerá Su Evangelio. 

Y de hecho, el Evangelio de Marcos se puede dividir en dos partes: la primera culmina con la profesión de fe de Pedro (Mc 8, 29), que proclama a Jesús como el Cristo, como el Mesías esperado. 

Y la segunda va más allá y llega a la profesión de fe del centurión que bajo la cruz y al ver morir a Jesús así, exclama: "¡Verdaderamente éste era Hijo de Dios!" (Mc 15,39). 

Entonces estamos en camino y nuestro camino tendrá que llegar allí, bajo la cruz, para ver que en el principio está el amor de un Dios crucificado, hay una novedad absoluta, que es la de un Dios que muere por el hombre. Hasta allí llega el camino de Dios en medio de la humanidad. 

Este descubrimiento llega hasta el final del viaje, pero llega como una gracia, no como un mérito. Habrá que hacer un camino de preparación y conversión para llegar a esa profesión de fe. Habrá que recorrer poco a poco todo el Evangelio para dejarnos despojar de nuestras falsas imágenes de Dios y de nosotros mismos, y llegar allí como ese centurion pagano, a quien por gracia, se le da el reconocer en esa muerte la revelación de Dios en medio de los hombres. 

Y bien, para comenzar este nuevo viaje, hay un hombre enviado por delante para preparar el camino, para renovar la conciencia de que algo nuevo está comenzando, por lo que es bueno prepararse. Así, tan pronto como Juan el Bautista comienza a bautizar, inmediatamente mucha gente se apresura a él: "toda la región de Judea y todos los habitantes de Jerusalén" (Mc 1,5). Se abre de nuevo el camino, la vía del desierto por el que vuelve el Señor: tantas personas vuelven por ese camino, vuelven por la vía abierta. Dejan Jerusalén, el templo, los sacrificios, porque todo esto ya no es suficiente para saciar la sed de vida, y corren al desierto, donde resuena una voz que había estado callada durante mucho tiempo (Mc 1,5). 

El tema del domingo pasado fue la vigilancia, que es una forma de estar en el mundo y de reconocer la presencia de Dios en él. Hoy se nos exige conversión, metánoia (Mc 1,4). El primer paso necesario para iniciar este camino, para poder reconocer la presencia de Dios, consiste en colocarse en la verdad, en reconocerse como pecador y necesitado de perdón; reconocer que necesitamos cambiar nuestro camino y preparar de nuevo la vía que nos lleva de regreso a nuestra fuente: a Dios, el camino en el que Él puede encontrarnos. Ésta es la conversión, de la que habla el Bautista, en entrar en la perspectiva de un camino en el que Dios viene a nosotros, incluso antes de que podamos ir a él. 

+ Pierbattista